



Por JHANEL FERRERAS
Mercadólogo, experto en geopolítica y conferencista internacional.
Santo Domingo Este, República Dominicana. —
El origen del pueblo dominicano se remonta al propio descubrimiento de América, a finales del siglo XV. Desde entonces, la fusión entre aborígenes, españoles y africanos dio forma a la esencia de una nación diversa, resiliente y profundamente orgullosa de su identidad. Con el paso de los siglos, otras culturas se sumaron a ese proceso histórico, enriqueciendo el tejido social que hoy define a la República Dominicana.
Nuestra historia es la de un pueblo valiente, uno de los pocos territorios donde el honor y la dignidad se defendieron frente a grandes imperios. En 1655, en la Batalla de Los Cangrejos, derrotamos a los ingleses comandados por Penn y Venables. En 1691, vencimos a los franceses en la Batalla de La Sabana Real de La Limonada, hecho del que surge la devoción a la Virgen de la Altagracia cada 21 de enero. En 1805 enfrentamos a las tropas haitianas lideradas por Dessalines y, en 1808, volvimos a derrotar a los franceses en Palo Hincado, marcando el inicio de la llamada España Boba.
En ese contexto histórico nació, el 26 de enero de 1813, Juan Pablo Duarte y Díez, padre fundador de la República Dominicana. Con apenas 25 años fundó La Trinitaria, y poco después La Filantrópica y La Dramática, utilizando la educación, el arte y la cultura como herramientas de liberación y construcción del Estado dominicano.
La noche del 27 de febrero de 1844 inició la gesta más trascendental del pueblo dominicano. Fue el nacimiento de un sueño colectivo impulsado por un joven de apenas 31 años, cuya visión trascendió su tiempo y continúa guiando la identidad nacional.
La mujer dominicana desempeñó un papel esencial en la independencia. Conocidas como comunicadas, resguardaron mensajes, secretos y estrategias de los trinitarios, haciendo posible una comunicación patriótica eficaz en uno de los momentos más delicados de nuestra historia.
Desde su origen, la República Dominicana nació con una firme convicción cristiana. La bandera y el escudo surgieron junto con la nación, y el versículo bíblico Juan 8:32 —“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”— simbolizó la fe inquebrantable que movía a Duarte y a los forjadores de la patria.
Duarte nació en una época de estabilidad familiar, pero murió en el exilio, en condiciones difíciles, lejos de su tierra. Sin embargo, su sacrificio no fue en vano: dejó una República que, 182 años después, sigue siendo independiente, soberana y con vocación de progreso.
Hoy más que nunca, debemos honrar el sacrificio de los trinitarios, el esfuerzo de las mujeres patriotas y la sangre derramada por la libertad. La República Dominicana es convivencia, amor, perdón, sacrificio, educación y hermandad. Es cristianismo, respeto al medio ambiente y hospitalidad genuina. Es una nación cuya identidad marca a todo aquel que la visita.
Juan Pablo Duarte y Díez sigue siendo, 182 años después, más necesario que nunca.







