



Por: Letty Rosamón
En su undécimo aniversario, el PRM proyecta unidad y madurez política, pero enfrenta el reto de consolidar liderazgo, transparencia y gestión en un contexto de exigencia ciudadana.
En política, como en la vida, cumplir años no es solo acumular almanaques; es medir la resistencia de los cimientos. Este fin de semana, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) no solo celebró su undécimo aniversario, sino que escenificó un ejercicio simbólico de cohesión interna y advertencia política, en un momento donde el éxito electoral comienza a exigir resultados tangibles en la gestión administrativa.
Una Tarde en Azul y Blanco
El ambiente estuvo marcado por el entusiasmo institucional. Bajo el peso de un presente favorable en términos económicos, el presidente Luis Abinader dejó momentáneamente el discurso técnico para asumir el rol de líder partidario.
“No hay espacio para caudillismos disfrazados de modernidad”, expresó el mandatario, en una frase que resonó tanto hacia la oposición como hacia las propias filas del oficialismo. Más que un mensaje circunstancial, fue una señal clara contra la fragmentación interna, un fenómeno que históricamente ha debilitado a los partidos dominicanos cuando el poder se vuelve excesivamente gravitante.
Entre la Gestión y la Expectativa Social
El aniversario coincidió con cifras positivas, como el anuncio del Banco Central sobre el récord de remesas en enero. Sin embargo, la celebración no estuvo exenta de contraste: el apagón nacional ocurrido el domingo 15 recordó que el país aún enfrenta desafíos estructurales que trascienden el discurso político.
La dirigencia del PRM, encabezada por José Ignacio Paliza y Carolina Mejía, proyectó organización y disciplina institucional, enviando una señal de preparación hacia el 2028. No obstante, el verdadero desafío no fue la celebración en sí, sino el mensaje implícito: demostrar que el partido ha madurado lo suficiente para evitar la autodestrucción que marcó el destino de su antecesor político.
El Mañana que Ya Comienza
Si algo quedó claro en esta efeméride, es que el PRM ha decidido consolidar su narrativa alrededor de tres pilares:
Estabilidad económica
Transparencia institucional
Lucha contra la corrupción
Estos elementos conectan con una clase media cada vez más vigilante y exigente. El poder ya no se administra solo desde la popularidad, sino desde la eficiencia y la coherencia ética.
El PRM apaga las velas de su undécimo aniversario con la satisfacción de quien domina el tablero político, pero también con la conciencia de que el poder es un préstamo ciudadano que se renueva o se retira día a día, en las calles, en las facturas eléctricas y en la esperanza de un pueblo que exige resultados concretos.








