
Editorial | Diario El Caribeño
La política exterior de un país no puede quedar atrapada entre simpatías ideológicas, diferencias diplomáticas o confrontaciones que impidan defender sus intereses nacionales.
En un escenario internacional marcado por tensiones políticas, incertidumbre energética y transformaciones económicas, los gobernantes tienen la responsabilidad de mantener abiertos los canales que puedan generar oportunidades para sus ciudadanos.

Desde esa perspectiva, el encuentro sostenido el 12 de octubre en Roma entre el presidente Luis Abinader y la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, merece una valoración que vaya más allá de la fotografía diplomática.
La reunión, celebrada durante el Foro Mundial de la Alimentación de la FAO, permitió abordar asuntos concretos: la cooperación energética, la atención consular y las relaciones turísticas, según informó la Presidencia dominicana.
Pero también puso sobre la mesa una cuestión de mayor alcance: cómo puede República Dominicana defender sus principios democráticos y, al mismo tiempo, desarrollar una política exterior orientada a resultados.
Una decisión diplomática con sentido estratégico
El acercamiento se produce después de las tensiones surgidas entre ambos países a raíz de las elecciones venezolanas de 2024. En agosto de aquel año, Abinader exigió transparencia y una verificación imparcial de los resultados electorales.
Ese antecedente hace especialmente significativo el diálogo. No obstante, la reunión de Roma no inició por sí sola la normalización: los dos gobiernos ya habían anunciado en agosto de 2026 una hoja de ruta gradual para restablecer las relaciones diplomáticas y consulares.
El encuentro representa, por tanto, un avance dentro de un proceso en marcha. La decisión de participar en una conversación bilateral demuestra que las diferencias políticas no tienen necesariamente que impedir la búsqueda de soluciones a problemas compartidos.
El presidente Abinader ha defendido posiciones diplomáticas sobre Venezuela y ahora participa en un proceso de normalización que busca atender necesidades concretas de ambos países.
Ambas actuaciones pueden coexistir dentro de una política exterior coherente, siempre que se mantengan los compromisos democráticos y el respeto al derecho internacional.
La fortaleza de una posición diplomática no depende de mantener indefinidamente cerradas las puertas, sino de saber cuándo y bajo qué condiciones corresponde abrirlas.
La seguridad energética exige anticipación
Uno de los asuntos más relevantes de la reunión fue la posibilidad de que República Dominicana compre directamente a Venezuela determinados derivados del petróleo, entre ellos cemento asfáltico AC-30, utilizado principalmente en obras viales, y gas licuado de petróleo (GLP).
Se trata de una conversación de evidente interés nacional. Nuestro país depende de los mercados internacionales para abastecer una parte fundamental de sus necesidades energéticas. Esa dependencia exige diversificación, planificación y capacidad para explorar distintas alternativas comerciales.
La iniciativa de examinar compras directas puede entenderse como parte de esa búsqueda de opciones. Sin embargo, conviene distinguir entre una oportunidad diplomática y un beneficio económico demostrado.
Hasta el momento no se ha anunciado un contrato definitivo. Los detalles de una eventual operación deberán ser evaluados por la Refinería Dominicana de Petróleo (Refidomsa) y Petróleos de Venezuela (PDVSA), tal como comunicaron las autoridades.
El verdadero valor de cualquier entendimiento dependerá de sus precios, sus condiciones comerciales, su viabilidad jurídica y su capacidad para contribuir tanto al abastecimiento de GLP como, en el caso del AC-30, a las necesidades de infraestructura vial.
La visión estratégica debe medirse tanto por la capacidad de abrir negociaciones como por el rigor con que se convierten en resultados.
Una política exterior que también atiende a las personas
El encuentro incluyó otro asunto que merece especial atención: el fortalecimiento de las relaciones consulares.
El Gobierno dominicano informó sobre la apertura de su consulado en Venezuela, mientras que Delcy Rodríguez señaló que la representación venezolana en Santo Domingo contará próximamente con un cónsul designado. El alcance práctico de esos anuncios deberá comprobarse a medida que los servicios se restablezcan y funcionen efectivamente.
Detrás de estas medidas existen necesidades humanas concretas. Hay ciudadanos que requieren documentos, asistencia institucional, orientación y mecanismos para resolver situaciones familiares o migratorias.
Restablecer servicios consulares es una responsabilidad que debe estar por encima de las controversias políticas. Por eso, este componente del acercamiento puede producir beneficios directos para dominicanos y venezolanos, si las medidas anunciadas se ejecutan de manera efectiva.
Liderazgo y responsabilidad institucional
Los encuentros internacionales ofrecen a los mandatarios oportunidades para proyectar la posición de sus países, construir relaciones y promover iniciativas.
La agenda desarrollada por el presidente Abinader en Roma reúne precisamente esas dimensiones: participación en espacios multilaterales, representación dominicana y conversaciones bilaterales sobre asuntos económicos y consulares.
Esa combinación permite examinar su gestión diplomática desde una perspectiva institucional. No se trata solamente de la presencia del presidente en escenarios internacionales, sino de los temas que coloca sobre la mesa y del seguimiento que reciben después.
La posibilidad de ampliar vínculos comerciales con Venezuela, sin abandonar las posiciones democráticas previamente expresadas por República Dominicana, plantea un ejercicio de equilibrio que merece atención. También demanda responsabilidad.
La ciudadanía debe conocer los términos de cualquier eventual acuerdo, sus costos, sus beneficios y las garantías establecidas para proteger los recursos públicos. La transparencia no debilita una iniciativa diplomática. Por el contrario, le aporta credibilidad.
El interés nacional debe orientar cada decisión
Desde Diario El Caribeño consideramos valioso que la política exterior dominicana mantenga espacios de diálogo capaces de abrir oportunidades económicas y mejorar la atención a nuestros ciudadanos.
El encuentro de Roma constituye un paso en esa dirección. Reconocer la importancia de esa iniciativa no exige anticipar resultados ni ignorar las diferencias que persisten entre los dos gobiernos. Exige analizar sus posibilidades con responsabilidad.
El presidente Luis Abinader ha puesto sobre la mesa asuntos que responden a necesidades reales del país: energía, servicios consulares y cooperación económica. Ahora corresponde a las instituciones competentes desarrollar las conversaciones, evaluar sus condiciones y rendir cuentas sobre los avances.
El liderazgo presidencial encuentra su expresión institucional cuando una iniciativa diplomática se transforma en políticas concretas, transparentes y beneficiosas para la nación.
La reunión de Roma abre esa posibilidad. Su trascendencia dependerá de lo que República Dominicana consiga construir a partir de ella.
Porque una política exterior orientada al interés nacional no debe medirse por la intensidad de las diferencias que mantiene, sino por su capacidad de defender principios, proteger ciudadanos y crear oportunidades.
Dialogar sin renunciar a los principios y negociar sin comprometer los intereses del país: ese es el desafío de una diplomacia con visión de Estado.








