
Santo Domingo.– Para miles de niños dominicanos, firmar con una organización de Grandes Ligas representa la posibilidad de transformar la realidad económica de sus familias. Una investigación publicada por ProPublica el 10 de septiembre de 2026 vuelve a colocar bajo escrutinio el sistema económico que rodea a numerosos prospectos mucho antes de que alcancen la edad legal para firmar.
El reportaje describe un ecosistema en el que entrenadores, academias y prestamistas financian durante años la preparación de jóvenes peloteros y luego recuperan esas inversiones mediante porcentajes de los bonos de firma, préstamos u otros acuerdos privados.
Según ProPublica, los entrenadores reciben típicamente entre 35 % y 50 % del bono de firma de los prospectos que desarrollan. La proporción no constituye una tarifa oficial ni universal, sino un patrón documentado por el medio dentro de la industria.

La investigación estima además, a partir de datos de firmas, que las organizaciones de Grandes Ligas pagaron alrededor de US$1,042 millones en bonos a prospectos dominicanos entre 2012 y comienzos de 2026. Esa cifra corresponde al análisis periodístico de ProPublica y no a una estadística oficial publicada por MLB.
Acuerdos antes de la edad legal para firmar
Las reglas de MLB para el período internacional de 2026 establecen que un jugador debe haber cumplido 16 años antes de firmar y tener 17 antes del 1 de septiembre del año siguiente. El período de firmas se extiende del 15 de enero al 15 de diciembre, según MLB.
ProPublica, sin embargo, documenta acuerdos verbales o compromisos informales alcanzados con jugadores considerablemente más jóvenes, incluidos casos de niños de hasta 11 años. Estos preacuerdos no equivalen a una firma formal ante MLB, pero pueden condicionar durante años la preparación y las expectativas económicas de los prospectos y sus familias.
El problema trasciende la edad de firma. Mientras el jugador todavía está desarrollándose física y emocionalmente, distintas partes pueden comenzar a calcular cuánto dinero podría generar si finalmente obtiene un bono profesional.
El papel de entrenadores, academias y prestamistas
Preparar a un prospecto durante varios años implica costos reales: alimentación, transporte, alojamiento, equipos, entrenamiento y exposición ante scouts. Ese modelo explica por qué entrenadores y academias buscan recuperar su inversión cuando un jugador firma.
La discusión surge cuando los porcentajes comprometidos, las deudas acumuladas o los préstamos reducen de manera considerable el dinero que finalmente recibe la familia del pelotero.
El caso de Belfi Rivera, presentado por ProPublica como eje de su investigación, ilustra esa tensión. El medio reporta que Rivera había alcanzado un acuerdo verbal por US$1.8 millones cuando tenía 14 años y que, tras concretarse posteriormente la firma, una parte sustancial del dinero terminó destinada a su entrenador y al prestamista Santo Caraballo.
David Ortiz y su relación comercial con Santo Caraballo
La investigación también examina la relación comercial que mantuvo el miembro del Salón de la Fama David Ortiz con Santo Caraballo.
Ortiz reconoció ante ProPublica que había invertido millones de dólares en negocios vinculados a Caraballo. Su posición, sin embargo, es que su participación se limitaba a préstamos dirigidos a entrenadores y que no trabajaba directamente con las familias de los jugadores.
ProPublica reporta que documentos judiciales incluyen el nombre de Ortiz, junto al de Caraballo, en al menos un contrato relacionado con la familia de un prospecto de 13 años. El medio también señala que ese caso terminó desestimado por razones procesales.
A través de su abogado, Ortiz sostuvo además que nunca autorizó a Caraballo a utilizar su nombre o reputación para generar confianza entre prospectos y familiares, promocionar préstamos o respaldar operaciones financieras.
La investigación periodística no constituye una acusación penal ni establece responsabilidad criminal contra David Ortiz. Las referencias a contratos, inversiones y relaciones comerciales deben entenderse dentro del contexto documental y periodístico presentado por ProPublica y de las respuestas ofrecidas por el propio Ortiz.
Un problema que va más allá de un nombre
Reducir la discusión a la figura de Big Papi dejaría fuera el problema de fondo. República Dominicana sigue siendo una de las principales fuentes de talento internacional para el béisbol organizado de Estados Unidos, y esa posición mueve enormes cantidades de dinero antes de que muchos jugadores hayan comenzado su carrera profesional.
El reto consiste en determinar qué mecanismos protegen al menor y a su familia cuando entrenadores, academias, prestamistas y equipos tienen intereses económicos vinculados al futuro del prospecto.
También queda abierta la discusión sobre qué límites deben existir para los porcentajes, préstamos y compromisos privados asociados a los bonos de firma, especialmente cuando esos acuerdos comienzan años antes de que el jugador tenga edad para firmar formalmente.
Qué puede cambiar a partir de ahora
La investigación llega en momentos en que el sistema internacional de desarrollo de jugadores continúa siendo objeto de debate dentro y fuera de MLB. Para República Dominicana, cualquier discusión futura sobre regulación, transparencia o protección de menores tendrá un impacto directo sobre academias, entrenadores, familias y organizaciones profesionales.
El sueño de llegar a Grandes Ligas continúa siendo una de las grandes vías de movilidad económica para cientos de familias dominicanas. La pregunta que deja abierta esta investigación es cuánto de ese futuro debería poder comprometerse cuando el protagonista todavía es un niño.









