
Cada 24 de septiembre, República Dominicana honra a Nuestra Señora de las Mercedes, una de las advocaciones marianas de mayor arraigo en el país. La celebración trasciende los templos: reúne peregrinaciones, promesas, tradiciones familiares y una historia que se remonta a los primeros siglos de la presencia española en la isla.
Este jueves 24 de septiembre de 2026, miles de dominicanos volverán a expresar una tradición que ha sobrevivido durante siglos: la devoción a Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de la República Dominicana.
El día es feriado nacional y, para buena parte de la población católica, representa mucho más que una jornada de descanso. Es una fecha vinculada a la oración, el agradecimiento, las promesas cumplidas, las peregrinaciones y una profunda manifestación de identidad cultural.

El Ministerio de Trabajo confirmó que este jueves 24 de septiembre de 2026 es feriado y que, por tratarse de esta festividad religiosa, no será trasladado a otra fecha. Diario El Caribeño explicó además cómo queda la jornada laboral por el feriado del 24 de septiembre.
¿Quién es Nuestra Señora de las Mercedes?
La advocación de Nuestra Señora de la Merced tiene su origen en Europa y está estrechamente vinculada a la Orden de la Merced, surgida en Barcelona durante el siglo XIII alrededor de la figura de san Pedro Nolasco.
Según la tradición católica, en 1218 la Virgen María inspiró la creación de una comunidad religiosa dedicada a la liberación y asistencia de personas cautivas. De ahí procede el simbolismo de esta advocación: libertad, misericordia, protección y solidaridad con quienes sufren.
Con la llegada de los españoles al continente americano, la devoción mercedaria también llegó a la isla de Santo Domingo.
Una devoción de más de cuatro siglos en República Dominicana
Los documentos históricos muestran que la presencia de los mercedarios en la isla es muy antigua. Investigaciones publicadas por la Academia Dominicana de la Historia registran la existencia de religiosos y del monasterio de la Orden de la Merced desde comienzos del siglo XVI.
Durante el siglo XVII la devoción adquirió una importancia todavía mayor. El 29 de agosto de 1616, el Cabildo de Santo Domingo acordó formalmente hacer un voto a la Virgen, tomándola como patrona e intercesora y comprometiéndose a celebrar cada año los oficios religiosos, según documentación histórica reproducida por la Academia Dominicana de la Historia.
Ese voto se produjo en un período marcado por terremotos y fuertes temores entre los habitantes de la colonia. Con el paso del tiempo, la veneración quedó firmemente asociada al patronazgo religioso de Santo Domingo y de la isla.
En 1740, una Real Cédula permitió unificar la celebración en el 24 de septiembre, fecha que permanece hasta nuestros días.
El Santo Cerro, corazón de la celebración
Hablar de la Virgen de las Mercedes en República Dominicana conduce inevitablemente al Santo Cerro, en La Vega.
Cada año, cientos y en ocasiones miles de creyentes se desplazan hasta este histórico lugar para asistir a las eucaristías, encender velas y velones, elevar peticiones, dar gracias y cumplir promesas.
Familias completas realizan el recorrido. Algunos peregrinos llegan desde comunidades lejanas, mientras otros realizan parte del trayecto a pie como expresión de sacrificio y agradecimiento.
Este 24 de septiembre de 2026, las actividades en el Santuario del Santo Cerro comenzarán desde las 5:00 de la mañana. La misa oficial está programada para las 9:00 a. m., presidida por monseñor Andrés Napoleón Romero Cárdenas, obispo de la Diócesis de La Vega, y la jornada concluirá con la tradicional procesión pautada para las 3:00 de la tarde.
La tradición del Santo Cerro entre fe e historia
Existe además una antigua tradición según la cual la Virgen de las Mercedes estuvo vinculada a los acontecimientos ocurridos durante los enfrentamientos entre españoles y taínos a finales del siglo XV.
Durante generaciones se transmitió el relato de una intervención milagrosa de la Virgen durante una batalla. Sin embargo, desde el punto de vista histórico es importante hacer una distinción.
El historiador José G. Guerrero Sánchez, director del Museo Nacional de Historia y Geografía, ha señalado que las fuentes contemporáneas a aquellos acontecimientos no registran una aparición milagrosa de la Virgen durante la batalla y sostiene además que aquel enfrentamiento no ocurrió en el Santo Cerro.
Por eso, el llamado “milagro del Santo Cerro” debe entenderse fundamentalmente dentro del ámbito de la tradición religiosa y popular, y no como un hecho histórico documentalmente demostrado.
Esa diferencia, sin embargo, no disminuye el enorme significado cultural que el Santo Cerro ha adquirido para generaciones de dominicanos.
Una celebración que forma parte de la cultura dominicana
El Día de las Mercedes demuestra cómo una tradición religiosa puede convertirse también en una expresión cultural.
Alrededor de la celebración se han desarrollado durante generaciones prácticas que forman parte de la memoria colectiva: peregrinaciones, procesiones, misas multitudinarias, promesas familiares, velones, imágenes religiosas y visitas al santuario.
En los alrededores del Santo Cerro también surge cada año una actividad comercial vinculada a la festividad, con la venta de alimentos, velas, crucifijos, imágenes, rosarios y otros artículos religiosos.
Pero uno de los elementos más importantes es la transmisión de la tradición entre generaciones: abuelos que llevaron a sus hijos; padres que posteriormente llevaron a los suyos; familias que regresan cada año porque alguna vez hicieron una promesa o porque consideran a la Virgen parte inseparable de su historia familiar.
Es ahí donde la celebración deja de ser exclusivamente litúrgica y se convierte también en patrimonio emocional y cultural del pueblo dominicano.
Promesas, agradecimiento y esperanza
Para muchos devotos, el 24 de septiembre es un día para pedir. Para otros, es fundamentalmente un día para agradecer.
Algunos acuden por salud, otros por situaciones familiares, por protección, por trabajo o por circunstancias difíciles que consideran haber superado con ayuda de su fe.
Las promesas constituyen uno de los componentes más visibles de la religiosidad popular dominicana. Una persona puede comprometerse a visitar el santuario, caminar determinada distancia, participar de una misa o encender un velón como expresión de agradecimiento.
Más allá de las distintas formas en que cada creyente vive su espiritualidad, esas prácticas revelan la importancia que conserva la fe dentro de numerosos hogares dominicanos.
Más que un feriado
El Día de Nuestra Señora de las Mercedes es, por tanto, mucho más que una fecha marcada en rojo en el calendario.
Representa siglos de historia, pero también una tradición que continúa viva. Es religión, pero también cultura. Es peregrinación, encuentro familiar y memoria colectiva.
Y cada 24 de septiembre, cuando nuevamente los caminos conducen hacia el Santo Cerro y las iglesias reciben a sus devotos, República Dominicana revive una de las manifestaciones de fe más antiguas y arraigadas de su historia.
En tiempos de cambios acelerados y nuevas formas de relacionarnos con nuestras tradiciones, la celebración de Nuestra Señora de las Mercedes permanece como una muestra de cómo la fe, la historia y la cultura pueden atravesar generaciones.
Para quienes profesan esta devoción, el mensaje asociado a la Virgen de la Merced conserva además una profunda vigencia: misericordia, libertad, solidaridad y esperanza frente a las dificultades de la vida.








