

Una niña fue encontrada sin vida dentro de una mochila en Los Girasoles. Más allá del crimen, hay una verdad incómoda: cada vez nos impacta menos.
El cuerpo sin vida de una niña de aproximadamente un año fue encontrado dentro de una mochila, en una cañada del sector Los Girasoles, en Santo Domingo. El hallazgo, según reportes preliminares, fue realizado por residentes de la zona, mientras que las autoridades, incluyendo la Policía Nacional y el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), asumieron el levantamiento del cadáver y el inicio de las investigaciones.
Una escena que debería estremecer hasta lo más profundo de nuestra conciencia colectiva.
Pero no está pasando.
Sí, hay indignación en redes sociales. Sí, hay comentarios de dolor, de rabia, de impotencia. Pero duran poco. Muy poco. Lo suficiente para que el algoritmo las sustituya por el siguiente tema viral.
Te puede interesar:
Y eso es lo verdaderamente alarmante.
Nos estamos acostumbrando.
Nos estamos adaptando peligrosamente a vivir en una sociedad donde una niña aparece dentro de una mochila… y al día siguiente seguimos como si nada. Donde el horror tiene fecha de caducidad emocional. Donde el dolor ajeno compite con tendencias, entretenimiento y distracciones.
No es que hayamos dejado de sentir. Es que estamos sintiendo cada vez menos.
Cada caso que pasa sin consecuencias claras, cada tragedia que se pierde en el flujo interminable de noticias, va construyendo una nueva normalidad: una donde lo inaceptable deja de sorprendernos.
Y cuando eso ocurre, la sociedad entra en una zona peligrosa.
Porque la normalización del horror no solo anestesia la indignación, también debilita la exigencia. Nos hace menos críticos, menos humanos, menos capaces de reaccionar ante lo que claramente está mal.
Hoy fue una niña de apenas un año.
Mañana, ¿qué será?
No podemos permitir que este caso se convierta en una estadística más, en un titular que se archiva, en una historia que se olvida. No podemos seguir desplazando el dolor con la velocidad con la que consumimos contenido.
Te puede interesar:
Aquí hay responsabilidades que deben investigarse y sancionarse con todo el peso de la ley. Pero también hay una responsabilidad colectiva que no podemos ignorar: la de no acostumbrarnos.
La de no aceptar.
La de no olvidar.
Porque el verdadero peligro no es solo que ocurran hechos como este.
El verdadero peligro es que dejemos de estremecernos ante ellos.











