
Hay un partido político en República Dominicana que no tiene presidente, secretario general, locales, banderas ni militantes juramentados.
Pero es gigantesco.
Es el partido de los que no votan.

El estudio sobre la abstención electoral presentado este 9 de septiembre por la Junta Central Electoral (JCE) y elaborado por el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), a través de su Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL), coloca sobre la mesa una realidad que la dirigencia política dominicana debería observar con tanta o más atención que cualquier encuesta electoral.
En las elecciones presidenciales y congresuales de mayo de 2024, la abstención alcanzó el 45.6 %. Entre los dominicanos inscritos para votar en el exterior, la cifra llegó a alrededor del 81 %.
No son simples estadísticas. Son una advertencia.
La abstención electoral ya no puede tratarse como un fenómeno menor
Durante años, los partidos dominicanos han analizado las elecciones principalmente a partir de quién gana, quién pierde, quién crece y quién retrocede.
Pero quizá estamos mirando solamente una parte del problema.
Mientras las organizaciones políticas compiten por conquistar los votos de sus adversarios, existe un enorme grupo de ciudadanos que ya no está escogiendo entre una opción y otra. Simplemente está dejando de participar.
Y cuando una proporción tan alta del electorado se queda fuera de una elección presidencial y congresual, la política tiene la obligación de preguntarse por qué.
No todo el que se abstiene rechaza la democracia
Ese punto es importante. La abstención no significa necesariamente que millones de dominicanos hayan dejado de creer en el sistema democrático.
El propio estudio presentado por la JCE identifica factores diversos: apatía frente a las propuestas políticas, dificultades de transporte y distancia hacia los centros de votación, limitaciones de tiempo y laborales, además de barreras particulares para los dominicanos residentes en el exterior.
Pero también aparecen elementos que deben preocupar directamente a los partidos, como la desconfianza política, el clientelismo y la falta de propuestas capaces de conectar con sectores de la ciudadanía.
Cuando un elector comienza a sentir que los candidatos son intercambiables, que las promesas se repiten cada cuatro años o que participar no cambiará sustancialmente su realidad, aparece una forma de abstención especialmente peligrosa para el sistema: la indiferencia.
Los partidos ya están pensando en 2028
Y tienen derecho a hacerlo.
Ya comienzan las aspiraciones presidenciales, se forman equipos, aparecen encuestas, se producen respaldos y los dirigentes recorren provincias.
Los partidos empiezan nuevamente a calcular qué porcentaje necesitan para ganar las próximas elecciones.
Pero quizá deberían comenzar por una pregunta mucho más básica: ¿qué van a hacer para recuperar a quienes decidieron no votar?
Esa enorme población electoral puede convertirse en uno de los terrenos decisivos de las elecciones de 2028.
No solamente habrá que convencer al votante de otro partido. También habrá que convencer al ciudadano que piensa que ninguno merece su voto.
Eso puede resultar mucho más difícil.
El problema no se resuelve culpando al ciudadano
Cada vez que aumenta la abstención aparece una explicación demasiado sencilla: la gente no quiere votar.
Puede ser cierto en algunos casos, pero una democracia madura no puede conformarse con esa respuesta.
Los partidos existen precisamente para representar intereses, canalizar demandas y movilizar ciudadanía. Si millones de personas sienten que no vale la pena participar, las organizaciones políticas deben preguntarse qué parte de esa indiferencia también les corresponde.
La democracia no puede funcionar solamente durante las campañas.
No basta con visitar barrios tres meses antes de las elecciones, colocar fotografías de candidatos o repetir promesas. La participación política se construye durante cuatro años, con transparencia, instituciones creíbles, dirigentes conectados con las preocupaciones reales de la población y resultados que el ciudadano pueda percibir.
La diáspora merece una reflexión especial
El dato de la abstención entre los dominicanos inscritos en el exterior es particularmente preocupante: aproximadamente ocho de cada diez no acudieron a votar en los comicios de 2024.
La diáspora mantiene una relación económica extraordinariamente fuerte con República Dominicana. Envía remesas, sostiene familias, compra viviendas, invierte y viaja constantemente al país.
Sin embargo, esa conexión económica no se está traduciendo con la misma intensidad en participación electoral.
Cuando el 81 % de los electores registrados fuera del país no vota, existen preguntas que la JCE, los partidos y el Estado deben responder.
¿Es suficientemente fácil votar desde el exterior? ¿Existen centros accesibles? ¿Se informa adecuadamente a los electores? ¿Hay entusiasmo por las candidaturas? ¿Los dominicanos que viven fuera sienten que la política nacional verdaderamente los representa?
Las respuestas probablemente sean múltiples, pero el dato es demasiado grande para ignorarlo.
La democracia necesita ciudadanos que crean que su voto importa
República Dominicana ha construido durante décadas un sistema electoral competitivo y elecciones periódicas. Eso representa una conquista institucional importante.
Pero una democracia no puede medirse únicamente por su capacidad de organizar elecciones. También debe observarse la voluntad de los ciudadanos de participar en ellas.
Y ahí existe una señal de alarma.
No podemos llegar a 2028 esperando que las campañas y la publicidad electoral devuelvan automáticamente a las urnas a quienes se abstuvieron en 2024.
Hay que comenzar ahora.
Los partidos deben renovarse y escuchar más. La JCE debe continuar estudiando y corrigiendo barreras de participación. Las organizaciones políticas tienen que ofrecer propuestas conectadas con necesidades concretas. Y la ciudadanía también debe comprender que renunciar al voto significa dejar que otros decidan.
De hecho, el estudio recomienda fortalecer la educación cívica, renovar la oferta de los partidos, facilitar el acceso a los centros de votación y evaluar alternativas para el sufragio en el exterior, entre ellas modalidades de voto postal, anticipado o electrónico.
El gran adversario de 2028 puede ser la indiferencia
Los partidos dominicanos probablemente pasarán los próximos meses discutiendo quién tiene el candidato más popular.
Pero quizás el problema más importante está fuera de esas discusiones.
Está en los millones de ciudadanos que observan la política desde lejos.
El partido más grande de República Dominicana puede terminar siendo el partido de quienes no votan.
Y ese partido no necesita ganar unas elecciones para convertirse en un problema.
Le basta con seguir creciendo.
La advertencia ya está sobre la mesa. Ahora corresponde a la política dominicana decidir si va a escucharla.









