
Por Yoarem Monegro
Artículo 24
Subtítulo: República Dominicana ante el dilema de la emergencia: un análisis geoestratégico sobre la defensa de la Nación.

Decía Thomas Hobbes, sobre la soberanía, que es un poder absoluto, indivisible y supremo, el cual surge por medio de un pacto social, en el que los individuos renuncian a su libertad ilimitada del «estado de naturaleza» para entregársela a una autoridad superior a cambio de orden, paz y seguridad.
Por su parte, la Universidad de Cambridge, ubicada en Reino Unido, en su documento sobre «Conceptualización del estado de emergencia, la gestión de crisis constitucionales y sus requisitos de Estado de derecho», indica que no es posible prever los detalles precisos de una emergencia ni tampoco determinar qué ocurrirá en tal caso, especialmente cuando se trata de una emergencia extrema y de cómo se debe solucionar. La máxima orientación que puede brindar la Constitución es indicar quién puede actuar en tales casos (2025).
Según Schmitt, el soberano es quien puede decidir sobre el estado de emergencia y los medios para evitarlo sin restricciones legales. Su teoría no solo está vinculada, en el tiempo y el espacio, al período de entreguerras, sino que también refleja su concepción más general del autoritarismo y su convicción de que el mayor mal que amenaza al Estado es el caos, que debe evitarse a toda costa (Universidad de Cambridge, 2025).
Actualidad
Recientemente, hemos visto el caos apoderarse de la Ciudad del Amor, París, cuando una gran masa poblacional proveniente de una cultura distinta quiere tomar el control. Esto también pasó en otras ciudades de Francia, como Lyon, Estrasburgo y Marsella. En sus redes sociales, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, expresó que esto es fruto de una inmigración islámica fuera de control y que intenta tomar el control.
Posteriormente, vimos algo similar en Vancouver: caos en las calles bajo dos contextos, uno político y otro vial, por el tráfico. Recordemos que Canadá, desde hace mucho tiempo, estaba solicitando que personas viajaran por estudios o trabajo para aumentar su tasa poblacional. Era considerado uno de los países más seguros, tranquilos, limpios y con una alta tasa educacional. Ahora, con este impacto en la seguridad, podemos ver claramente lo vulnerables que son los Estados ante un descontrol migratorio.
La barba en remojo
Recientemente, en República Dominicana, por primera vez pudimos apreciar en carne viva el impacto de un hecho en un solo momento y evento, algo que no debió pasar y que debió preverse por parte de las entidades responsables de la actividad, las fuerzas del orden público y, por qué no, también las fuerzas militares.
Esto nos deja un ejemplo más del uso de armas de manera interna dentro del evento, así como grabaciones que apuntan a un escenario complejo. Rostros que pueden ser identificados y vinculados.
Los ejercicios siempre han sido considerados como prácticas y, si eso fue un ejercicio y no un simple evento, ¿hacia dónde vamos?
Por razones de seguridad y defensa, es lamentable realmente el nivel en el que hoy estamos, hacia dónde estamos llegando silenciosamente y lo que puede suceder.
Nuestro país no duele, nuestra bandera tampoco duele; nuestros símbolos, soberanía, territorio e identidades no le importan un carajo a nadie.
¿Por qué razón?
Si de verdad importaran, los mismos dominicanos no utilizarían la bandera como ropa interior ni esto sería publicado en los medios de comunicación. La música no transmitiría muertes ni abusos; nuestra identidad y las fuerzas de seguridad se manejarían en otra sintonía.
Si hubiera sentimiento nacionalista por la República Dominicana, las drogas, el crimen organizado y el sicariato no estarían a la orden del día.
Si tuviéramos el patriotismo del que tanto se habla, pero que no se ve, no estarían los haitianos disponiendo de nuestros espacios públicos, que les son cedidos por los mismos dominicanos que van semanalmente a cobrar sus mesadas de hasta un 10 % para no quitarlos.
Si hubiera nacionalismo, no estarían los dominicanos cobrando entre 7 mil y 40 mil a los haitianos para entrarlos y sacarles papeles.
Si República Dominicana doliera de verdad, las leyes no serían papeles y se aplicarían en su totalidad. La migración no sería una de las principales problemáticas, mucho menos la seguridad ciudadana, que está, en su mayoría, afectada e influenciada por la cultura haitiana, no porque sean nuestros vecinos, sino porque son los dueños de los lugares que frecuentan.
Me da mucha pena el esfuerzo de nuestros padres de la patria. Más pena también por quienes, con sangre y sudor, crearon nuestra bandera.
¿De qué sirvió la independencia si hoy estamos juntos y revueltos como mansos y cimarrones?
Lo sucedido internacionalmente debe ser un espejo para República Dominicana, vernos en ellos y comenzar a prever, porque el cáncer a tiempo tiene cura. Y aquí no estamos hablando de salud, pero sí de seguridad nacional.
@yoaremmonegro
Instagram / LinkedIn
Sobre la autora
La autora es licenciada en Relaciones Internacionales, posee exequátur, maestría en Defensa y Seguridad Nacional, maestría en Diplomacia y posgrado en Geopolítica. Es especialista en Narcotráfico y Terrorismo Internacional. Es docente y asesora de tesis para contenido.
Imagen ilustrativa: bandera nacional dominicana en el Parque Independencia de Santo Domingo (2019). Foto: Phyrexian / Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0.








