
La propuesta de convertir el creole en una asignatura obligatoria dentro de las escuelas dominicanas ha abierto un debate que debe manejarse con serenidad, sin xenofobia, pero también sin complejos.
El diputado Julio César Beltré ha planteado una modificación del sistema educativo que incluiría obligatoriamente creole, inglés y francés desde el nivel primario hasta el secundario, tanto en escuelas públicas como en colegios privados y centros de gestión mixta. La iniciativa parte, entre otros argumentos, de la relación comercial, migratoria y fronteriza existente entre República Dominicana y Haití.
El planteamiento puede discutirse. Lo que no resulta razonable es asumir que, porque compartimos una isla con Haití, estudiantes de todo el país deban necesariamente incorporar el creole como parte obligatoria de su currículo.

Una cosa es reconocer una realidad y otra convertirla automáticamente en una prioridad educativa nacional.
República Dominicana debe aspirar a formar una generación verdaderamente bilingüe o multilingüe. Eso sería extraordinariamente positivo. Pero si vamos a invertir recursos públicos, contratar profesores, modificar programas, aumentar horas docentes y exigir nuevas competencias a nuestros estudiantes, debemos preguntarnos cuáles idiomas ofrecen mayores oportunidades académicas, tecnológicas, científicas, comerciales y profesionales para el futuro.
Y allí la respuesta parece bastante clara: el inglés debe ocupar el primer lugar.
Durante décadas hemos hablado de enseñanza de inglés en las escuelas dominicanas sin conseguir todavía que la mayoría de los estudiantes termine el bachillerato dominándolo con fluidez. Antes de agregar nuevas obligaciones, convendría preguntarnos por qué no hemos logrado cumplir plenamente ese objetivo.
Después puede discutirse el fortalecimiento del francés, un idioma con evidente importancia diplomática, académica, turística y cultural y con presencia significativa en distintas regiones del mundo.
El creole puede ser útil sin ser obligatorio para todos
¿Significa esto que el creole no debe enseñarse?
No.
Ese sería también un extremo equivocado.
El conocimiento del creole puede resultar enormemente útil en determinadas áreas de República Dominicana. En provincias fronterizas, comercio binacional, servicios migratorios, salud pública, seguridad, relaciones internacionales y actividades empresariales vinculadas con Haití existen razones perfectamente legítimas para fomentar su aprendizaje.
En esos escenarios podrían desarrollarse programas especializados, asignaturas optativas, cursos técnicos o proyectos regionales.
Lo cuestionable es la obligatoriedad nacional.
Un estudiante de primaria en Santiago, Puerto Plata, La Romana, San Pedro de Macorís o Santo Domingo no necesariamente debe dedicar parte de su carga académica obligatoria al creole simplemente porque República Dominicana comparte territorio insular con Haití.
El currículo escolar no dispone de horas infinitas.
Cada nueva asignatura que introducimos significa tiempo, profesores, dinero, infraestructura, materiales y horas que dejan de utilizarse en otra área.
La discusión debe centrarse en las prioridades educativas
Por eso la discusión no debe transformarse en una batalla entre dominicanos y haitianos ni mucho menos en una competencia de nacionalismos.
La verdadera pregunta es mucho más sencilla:
¿Cuáles competencias necesita un niño dominicano para competir en el mundo de las próximas décadas?
Necesita dominar correctamente el español.
Necesita comprender matemáticas.
Necesita ciencias.
Necesita tecnología y competencias digitales.
Necesita pensamiento crítico.
Y necesita, cada vez con mayor urgencia, dominar el inglés.
Si conseguimos eso, podremos hablar con mucha mayor tranquilidad de ampliar la oferta lingüística.
Incluso resulta paradójico pretender que un estudiante domine simultáneamente tres lenguas extranjeras cuando todavía tenemos pendiente convertir el bilingüismo español-inglés en una realidad generalizada dentro de nuestras propias escuelas.
Rechazar la obligatoriedad no equivale a rechazar el idioma
Hay además otro aspecto que debemos cuidar.
Rechazar que el creole sea obligatorio no significa despreciar el idioma haitiano ni mucho menos a quienes lo hablan.
Las lenguas son herramientas de comunicación y ninguna hace superior o inferior a un pueblo.
Pero las políticas educativas nacionales no se diseñan únicamente desde consideraciones culturales o de convivencia. También deben responder a prioridades estratégicas.
Compartir una frontera con Haití justifica que el Estado dominicano disponga de servidores públicos, militares, médicos, comerciantes, diplomáticos y profesionales capacitados para comunicarse en creole.
No necesariamente justifica convertirlo en materia obligatoria para cada niño dominicano durante buena parte de su formación escolar.
Abinader expresó su desacuerdo con la propuesta
El propio presidente Luis Abinader ha manifestado su desacuerdo con la iniciativa, según explicó públicamente el diputado Julio César Beltré.
El legislador afirmó que se trata de una propuesta personal y que el mandatario le expresó directamente que no está de acuerdo con el proyecto.
Esa posición nos parece sensata.
El Congreso Nacional puede aprovechar la iniciativa para abrir una discusión mucho más provechosa: qué política de idiomas necesita realmente República Dominicana.
Quizás el país no necesita tres lenguas extranjeras obligatorias al mismo tiempo.
Quizás necesita garantizar primero que cada bachiller dominicano pueda conversar, estudiar y trabajar en inglés; fortalecer posteriormente el francés y ofrecer creole allí donde exista una verdadera necesidad territorial, profesional o económica.
Eso sería planificación.
Lo contrario corre el riesgo de convertirse en otra reforma curricular ambiciosa sobre el papel y difícil de ejecutar en las aulas.
República Dominicana no debe tener miedo de enseñar idiomas. Al contrario, debería enseñar muchos más.
Pero debe hacerlo atendiendo a sus prioridades nacionales y a las oportunidades que quiere ofrecer a sus jóvenes.
El creole puede tener un espacio en la educación dominicana. Lo que no está demostrado es que ese espacio deba ser obligatorio para todos.
Fuentes de referencia
- Proyecto de ley sometido por el diputado Julio César Beltré para incorporar creole, inglés y francés de manera obligatoria al sistema educativo.
- Declaraciones de Julio César Beltré sobre la posición del presidente Luis Abinader frente a la iniciativa.







