
Una visita que reabre el debate sobre Haití y la soberanía dominicana
Por: Samuel Ávila
La reciente visita oficial del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, a la República Dominicana ha generado reacciones encontradas. Mientras algunos la interpretan como una muestra del reconocimiento internacional al papel que desempeña el país frente a la crisis haitiana, otros consideran que constituye un recordatorio incómodo de las responsabilidades pendientes de la comunidad internacional.
Para muchos dominicanos, la presencia del máximo representante de la ONU llega en un momento particularmente sensible. Haití atraviesa una de las peores crisis de su historia moderna, con amplias zonas controladas por bandas armadas, una profunda crisis institucional y un colapso de los servicios básicos que continúa empujando a miles de personas a buscar alternativas fuera de sus fronteras.

El peso de la historia
Durante décadas, las distintas intervenciones internacionales en Haití han sido objeto de críticas y cuestionamientos. Diversas misiones impulsadas por organismos multilaterales no lograron generar una estabilidad duradera y, en algunos casos, terminaron involucradas en controversias relacionadas con abusos, corrupción y errores que agravaron la situación del vecino país.
Esa realidad ha provocado que una parte importante de la opinión pública dominicana observe con escepticismo cualquier discurso internacional relacionado con la crisis haitiana.
Desde esta perspectiva, muchos entienden que la comunidad internacional ha fallado en asumir plenamente su responsabilidad frente a un problema que hoy amenaza la estabilidad de toda la región.
República Dominicana y la presión migratoria
Uno de los temas más sensibles continúa siendo la migración irregular.
La República Dominicana ha asumido durante años una importante carga económica y social derivada de la crisis haitiana. Hospitales, escuelas, servicios públicos y programas sociales han experimentado una presión creciente producto de una situación que excede la capacidad de cualquier país para enfrentarla de manera individual.
En este contexto, sectores de la sociedad dominicana consideran que los llamados internacionales deben ir acompañados de acciones concretas y recursos reales, y no limitarse únicamente a exhortaciones diplomáticas.
La necesidad de una posición firme
La visita de Guterres también reabre el debate sobre la política exterior dominicana y la forma en que el país debe defender sus intereses nacionales.
La soberanía, la seguridad fronteriza y la protección de los recursos públicos constituyen temas que generan amplio consenso entre los ciudadanos, independientemente de las diferencias políticas existentes.
Por ello, muchos consideran que cada encuentro con organismos internacionales debe servir para reiterar la necesidad de una solución global para Haití, una solución que no recaiga exclusivamente sobre los hombros de la República Dominicana.
Una crisis que exige respuestas internacionales
La realidad es que ningún país puede resolver por sí solo el colapso institucional de Haití.
La reconstrucción de su sistema político, económico y de seguridad requiere el compromiso efectivo de las grandes potencias, los organismos multilaterales y la comunidad internacional en su conjunto.
Mientras eso no ocurra, República Dominicana seguirá enfrentando consecuencias directas de una crisis que no generó, pero que impacta diariamente su estabilidad económica, social y migratoria.
Reflexión final
La visita de António Guterres debe servir para algo más que fotografías protocolares y discursos diplomáticos. Debe convertirse en una oportunidad para recordar que la crisis haitiana sigue siendo una responsabilidad internacional pendiente.
La República Dominicana tiene derecho a exigir soluciones concretas, apoyo efectivo y respeto a su soberanía.
Porque la solidaridad no puede confundirse con la obligación permanente de asumir cargas que corresponden a toda la comunidad internacional.
Diario El Caribeño – Opinión







