
Por Letty Rosamon:
El verdadero reto de gobernar cuando se tiene el control
El presidente Luis Abinader ha enviado un mensaje que trasciende las paredes de una reunión partidaria. Durante la reciente reunión ordinaria del Comité Nacional del Partido Revolucionario Moderno (PRM), el mandatario hizo un llamado a preservar la cohesión interna de la organización mediante tres principios que resumió en una fórmula sencilla, pero políticamente poderosa: humildad, unidad y determinación.
No se trata de una consigna más. Tampoco de un discurso protocolar. Es una advertencia preventiva dirigida a un partido que hoy concentra amplias cuotas de poder y que enfrenta uno de los desafíos más complejos para cualquier organización política: administrar el éxito sin caer en la complacencia ni en las divisiones internas.

La historia política dominicana está llena de ejemplos de partidos que llegaron fortalecidos al poder y terminaron debilitados por conflictos internos, luchas de liderazgo y desconexión con sus bases. Por eso, las palabras del presidente adquieren una relevancia especial.
Las diferencias no son el problema
Abinader reconoció que las diferencias de criterio son normales dentro de cualquier organización democrática. De hecho, el debate interno suele ser una señal de vitalidad política.
El verdadero peligro aparece cuando esas diferencias dejan de ser ideas en discusión y se convierten en enfrentamientos personales, grupos irreconciliables o proyectos individuales que colocan intereses particulares por encima de los objetivos colectivos.
En ese contexto, el presidente intentó reenfocar la mirada de la dirigencia oficialista. Recordó que el verdadero adversario no está dentro del partido ni en los debates internos por espacios de poder. El verdadero desafío sigue siendo la pobreza, la desigualdad y las dificultades que afectan a miles de familias dominicanas.
Ese recordatorio busca devolver al PRM a la razón principal por la que recibió el respaldo de los ciudadanos: gobernar para mejorar la calidad de vida de la gente.
Escuchar más y hablar menos
Uno de los aspectos más importantes del mensaje presidencial fue su llamado a mantener contacto permanente con las comunidades.
La experiencia demuestra que muchos gobiernos comienzan a perder conexión con la realidad cuando sus dirigentes pasan más tiempo en oficinas que en los barrios, más tiempo escuchando informes que escuchando ciudadanos.
Abinader advirtió sobre ese riesgo y exhortó a los dirigentes a mantenerse cerca de las juntas de vecinos, organizaciones comunitarias y sectores sociales.
La legitimidad política no se construye únicamente desde los ministerios ni desde los despachos oficiales. Se construye escuchando a la gente y respondiendo a sus necesidades.
El desafío de administrar el poder
La prueba más difícil para un partido no es llegar al gobierno. La verdadera prueba comienza después.
Administrar el poder implica manejar expectativas, evitar el triunfalismo, responder a las demandas de la militancia y, al mismo tiempo, mantener la eficiencia en la gestión pública.
El gran reto del PRM será demostrar que puede evitar errores que en el pasado afectaron a otras organizaciones políticas. Que puede administrar la abundancia de poder sin caer en el personalismo, las luchas internas o la desconexión con la ciudadanía.
Reflexión final
La advertencia presidencial ya fue formulada. Ahora corresponde a la dirigencia convertir esas palabras en acciones concretas.
La unidad no se decreta; se construye. La humildad no se proclama; se practica. Y la determinación no se demuestra con discursos, sino con resultados.
El futuro político del PRM dependerá, en gran medida, de su capacidad para entender esa realidad. Porque muchas veces los partidos no son derrotados por sus adversarios externos, sino por los errores que cometen cuando creen que el poder les pertenece para siempre.
Diario El Caribeño – Editorial







