
República Dominicana volvió a sentir este domingo la fuerza de la naturaleza. Un sismo de magnitud 5.6, según datos preliminares del Centro Nacional de Sismología citados por el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), se registró a las 5:49 de la tarde y fue percibido en distintas zonas del país.
Hasta el primer corte de evaluación, el COE no había recibido reportes de daños significativos. El movimiento duró apenas segundos. El susto pasó. La pregunta, sin embargo, permanece: ¿estamos realmente preparados para cuando llegue un terremoto de mayores consecuencias?
Precisamente porque esta vez no hubo una tragedia de grandes proporciones, el episodio debe ser aprovechado.

No para sembrar miedo. No para anunciar catástrofes que nadie puede predecir. Sino para prepararnos.
Vivimos en una isla expuesta a actividad sísmica y sabemos que los terremotos forman parte de nuestros riesgos naturales.
No podemos predecir, pero sí prepararnos
Después de cada temblor ocurre prácticamente lo mismo.
Las redes sociales se llenan de preguntas. Las familias llaman a sus seres queridos. Algunas personas salen corriendo de edificios y apartamentos. Otras no saben si deben bajar por las escaleras, permanecer dentro de la vivienda o buscar protección.
Minutos después llegan los memes.
Y unas horas más tarde volvemos a la normalidad.
Ese ciclo debería preocuparnos, porque la ausencia de una tragedia no significa ausencia de riesgo.
Un terremoto importante no nos preguntará si estamos preparados. Por eso la prevención no puede comenzar después del desastre.
¿Sabemos realmente qué hacer?
Esta es quizás la pregunta más sencilla y, al mismo tiempo, la más importante.
¿Cuántas familias dominicanas tienen identificado un lugar seguro dentro de su vivienda?
¿Cuántos edificios residenciales cuentan con un protocolo de evacuación?
¿Cuántos padres han hablado con sus hijos sobre qué hacer si un terremoto ocurre mientras están separados?
¿Cuántas empresas realizan simulacros regularmente?
¿Sabemos dónde están las salidas de emergencia de los lugares que frecuentamos?
¿Tenemos preparada una mochila básica con agua, medicamentos, linterna, documentos esenciales y otros artículos de emergencia?
La preparación comienza precisamente ahí: en cada hogar.
La Defensa Civil Dominicana recomienda contar con un plan familiar, conocer rutas de evacuación y zonas seguras, tener a mano un botiquín y una linterna, asegurar objetos que puedan caer y mantener accesibles los documentos personales.
Durante el movimiento, la recomendación general es buscar protección, agacharse y proteger la cabeza, mantenerse alejado de ventanas y objetos que puedan caer y evitar salir despavoridamente. La evacuación, cuando corresponda, debe hacerse de forma ordenada y sin utilizar ascensores.
También debemos mirar nuestras edificaciones
Pero la responsabilidad no puede recaer únicamente sobre los ciudadanos.
República Dominicana necesita mantener una vigilancia permanente sobre el cumplimiento de las normas de construcción.
En un terremoto, gran parte de las muertes y lesiones puede producirse por el colapso de estructuras, la caída de objetos y otros efectos secundarios.
Por eso debemos preguntarnos qué tan resistentes son nuestras escuelas, hospitales, edificios públicos, torres residenciales y viviendas.
Especial atención merecen las construcciones antiguas y aquellas levantadas sin suficiente supervisión técnica.
No basta con tener normas. Hay que hacerlas cumplir.
La alerta que muchos esperaron
El movimiento sísmico también abrió otra conversación.
Muchos ciudadanos se preguntaron por qué sus teléfonos no emitieron una alerta de emergencia, especialmente después de las pruebas realizadas recientemente en el país.
El COE explicó que el sistema de alertas mediante telefonía celular todavía se encuentra en proceso de implementación y que aún no opera plenamente con todas las prestadoras.
El pasado 8 de septiembre, durante el Simulacro Nacional por Terremoto, el Sistema 9-1-1 puso a prueba Cell Broadcast, una tecnología diseñada para distribuir mensajes de emergencia a teléfonos móviles dentro de una zona determinada.
Esa explicación debe servir para algo. Debemos acelerar su implementación, realizar las pruebas necesarias y, sobre todo, explicar claramente a la ciudadanía qué puede esperar de ese sistema.
Pero también debemos comprender algo fundamental: una alerta tecnológica no sustituye la preparación.
Los terremotos son fenómenos súbitos. Un sistema de mensajería de emergencia puede ayudar a distribuir instrucciones y advertencias, pero no garantiza que cada ciudadano recibirá minutos de anticipación antes de sentir un sismo.
La tecnología ayuda. La educación salva.
Los simulacros deben convertirse en cultura
República Dominicana ha avanzado realizando ejercicios nacionales de preparación.
Eso es positivo.
Pero un simulacro anual no puede convertirse simplemente en una actividad para fotografías, informes y publicaciones institucionales. Debe producir aprendizaje.
Cada escuela debería practicar. Cada hospital debería conocer su protocolo. Cada institución pública debería saber cómo evacuar. Cada empresa debería preparar a sus empleados. Y cada familia debería tener un pequeño plan.
Porque durante una emergencia verdadera no tendremos tiempo para buscar en internet qué debemos hacer. Tendremos que actuar con lo que ya sabemos.
El momento de prepararnos es ahora
Este domingo la tierra volvió a recordarnos dónde vivimos.
No sabemos cuándo ocurrirá el próximo movimiento importante. Tampoco sabemos dónde será ni qué magnitud tendrá. Y nadie responsable debería intentar predecirlo.
Lo que sí podemos decidir es cómo encontrará al país cuando ocurra.
Podemos esperar hasta que una tragedia nos obligue a revisar edificios, protocolos, sistemas de alerta y planes de evacuación.
O podemos hacerlo ahora.
Cuando todavía tenemos tiempo.
El temblor pasó. El miedo irá desapareciendo. Mañana muchos volverán a su rutina como si nada hubiese ocurrido.
Pero sería un error olvidar demasiado rápido.
Porque algunas advertencias de la naturaleza no llegan para provocar pánico. Llegan para recordarnos nuestra vulnerabilidad.
El temblor pasó. La advertencia quedó.
Y la próxima vez, nuestra mejor defensa no será la suerte.
Será estar preparados.









