
Editorial | Diario El Caribeño
Doscientas treinta y siete sillas.
Vacías.

Colocadas frente al Palacio de Justicia de Ciudad Nueva.
No eran simples muebles. Eran una forma de hacer visible la ausencia, el dolor y la espera de las familias golpeadas por el derrumbe de la discoteca Jet Set, ocurrido el 8 de abril de 2025.
La cifra merece una precisión: 236 es el número de personas fallecidas que figura en el balance oficial de la tragedia. Durante la vigilia del 14 de octubre, el Movimiento Justicia Jet Set colocó 237 sillas y explicó que la adicional recordaba al bebé que gestaba una mujer embarazada fallecida en el desplome. Es un gesto simbólico del movimiento, no una modificación oficial del balance de víctimas.
La manifestación volvió a ponerle rostro a una tragedia que el país no puede olvidar. Y dejó una pregunta que atraviesa el proceso: ¿cuánto tiempo más tendrán que esperar las familias para conocer una decisión judicial definitiva?
El dolor no entiende de tecnicismos
Para este viernes 16 de octubre, a las 9:00 de la mañana, está prevista una decisión del juez Franny González, de la Cuarta Sala Penal del Distrito Nacional, sobre la solicitud de variar la calificación jurídica del caso.
El Ministerio Público sostiene la acusación de homicidio involuntario contra Antonio y Maribel Espaillat. Abogados de víctimas piden examinar los hechos bajo una calificación de homicidio voluntario con dolo eventual, a lo que se opone la defensa.
La decisión pendiente es importante, pero no constituye una sentencia definitiva ni determina por sí sola la culpabilidad de los imputados. Resolverá una controversia jurídica que puede influir en el rumbo del juicio.
Para los abogados, esa distinción es esencial. Para las familias, representa otro momento de incertidumbre después de una pérdida irreparable.
Ambas realidades deben ser reconocidas. La justicia no puede decidir por emociones, pero tampoco debería perder de vista que detrás de cada expediente hay personas esperando respuestas.
¿Negligencia o aceptación del riesgo?
La diferencia jurídica no es menor. Una cosa es que un resultado mortal se produzca por una conducta imprudente. Otra es que, conforme a las pruebas y al derecho aplicable, se establezca que alguien se representó la posibilidad de causar ese resultado y aceptó el riesgo.
Esa es parte de la controversia entre representantes de las víctimas y abogados defensores. Pero hay algo que no debe confundirse: pedir una calificación más grave no demuestra que sea la correcta. Mantener una acusación de homicidio involuntario tampoco significa minimizar la gravedad de lo ocurrido.
Las pruebas, no los aplausos ni la indignación, deben marcar el rumbo del proceso. La presunción de inocencia y el derecho de las víctimas a una respuesta judicial fundada no son principios incompatibles.
Lo que el país tampoco puede olvidar
Mientras se discuten argumentos procesales, sigue pendiente una reflexión que va más allá de este expediente: ¿se están evaluando con suficiente rigor las condiciones estructurales de los establecimientos donde se reúnen cientos de personas?
¿Hay controles capaces de detectar riesgos antes de que se conviertan en tragedias? ¿Qué cambios concretos se han impulsado para fortalecer la prevención y la supervisión?
Una resolución judicial puede delimitar responsabilidades por hechos pasados. Evitar otro desastre exige actuar también en el presente, con inspecciones eficaces, cumplimiento de normas y rendición de cuentas.
La discusión de este viernes tiene un alcance específico. La seguridad de los espacios de reunión, en cambio, es una responsabilidad permanente que no debería depender del calendario de un tribunal.
Que ninguna silla vacía sea olvidada
Las familias del Jet Set no necesitan promesas grandilocuentes. Necesitan un proceso serio, transparente, respetuoso de sus derechos y capaz de esclarecer los hechos.
Los acusados también tienen derecho a defenderse y a ser juzgados conforme a la ley. Una exigencia no excluye la otra.
Las 237 sillas de la vigilia —y el significado particular de esa silla adicional— recordaron que la justicia tiene una dimensión humana que nunca debe desaparecer entre expedientes, incidentes y audiencias.
En Diario El Caribeño creemos que recordar a las víctimas no significa condenar anticipadamente a nadie. Significa exigir que la verdad sea esclarecida y que las responsabilidades se establezcan donde correspondan.
Porque las sillas seguirán vacías. Lo que no puede permanecer vacío es el compromiso del país con la justicia y la prevención.
Contexto factual: la cobertura de la vigilia del 14 de octubre documentó las 237 sillas y su simbolismo; la información sobre la audiencia recoge la fecha prevista y el alcance de la decisión judicial.









