
Editorial
Gobernar un país no debería significar esperar que todos sus problemas lleguen hasta el Palacio Nacional. También significa desplazarse hacia los territorios, escuchar directamente a sus autoridades y sectores productivos, observar las obras en ejecución y conocer de primera mano las necesidades de las comunidades.
Por eso merece una valoración positiva la decisión del presidente Luis Abinader de trasladar temporalmente su despacho a Santiago, convirtiendo durante tres días a la región Norte en centro de una parte importante de la actividad presidencial.

Del 14 al 16 de septiembre, el mandatario desarrolla una agenda que comprende Santiago, Espaillat y Valverde, con reuniones, inauguraciones y supervisiones de proyectos relacionados con infraestructura vial, educación, saneamiento, salud y conectividad aeroportuaria.
No se trata simplemente de cambiar físicamente el lugar desde donde despacha el Presidente.
Lo verdaderamente importante es el mensaje que acompaña la decisión: el Gobierno también debe ir hacia la gente.
Santiago no es periferia
Durante demasiado tiempo, República Dominicana ha arrastrado una concentración excesiva de las decisiones públicas en Santo Domingo.
Sin embargo, Santiago y todo el Cibao constituyen uno de los grandes motores económicos, agrícolas, industriales y comerciales del país.
Gobernar desde Santiago, aunque sea temporalmente, representa un reconocimiento a ese peso y contribuye a fortalecer una visión menos centralizada del Estado.
La agenda presidencial incluye reuniones con representantes de los sectores público, privado, empresarial, académico y social. Esa interacción resulta especialmente importante porque las políticas públicas funcionan mejor cuando quienes toman las decisiones conocen directamente las preocupaciones de quienes producen, generan empleos y viven diariamente las consecuencias de esas decisiones.
No solamente inaugurar, también supervisar
Hay otro elemento que consideramos saludable.
Una gestión gubernamental no puede medirse exclusivamente por la cantidad de obras que inaugura. También debe evaluarse por su capacidad para dar seguimiento a aquello que todavía está en construcción.
Durante estas jornadas, el presidente Abinader tiene previsto supervisar proyectos como la ampliación del Aeropuerto Internacional del Cibao, sistemas de alcantarillado y plantas de tratamiento en Licey al Medio y Mao, así como la construcción del Hospital Traumatológico de Mao.
También está prevista la inauguración de infraestructura educativa y vial.
Supervisar personalmente no garantiza por sí solo que una obra termine a tiempo, pero envía una señal clara a los funcionarios responsables: los proyectos deben avanzar y producir resultados.
Gobernar escuchando
Quizás el aspecto más importante de esta experiencia sea precisamente la posibilidad de escuchar.
Los municipios dominicanos poseen realidades muy diferentes. Las prioridades de Santiago no necesariamente son las mismas de Valverde, Espaillat, Pedernales o El Seibo.
Por eso, acercar la Presidencia a los territorios permite conocer necesidades que muchas veces pierden urgencia cuando recorren la larga cadena burocrática hasta Santo Domingo.
Naturalmente, tres días en el Cibao no resuelven los problemas históricos de la región.
Tampoco deben convertirse estas jornadas en simples actos protocolares.
Su verdadero valor estará en las decisiones que surjan de las reuniones, en las obras que posteriormente sean concluidas y en las soluciones que reciban las comunidades.
Una práctica que debería continuar
Desde Diario El Caribeño consideramos positiva esta forma de ejercer la Presidencia.
Y creemos que podría extenderse periódicamente a otras regiones del país.
El Sur, el Este, el Nordeste y la zona fronteriza también podrían convertirse temporalmente en centros de trabajo del Poder Ejecutivo.
Porque descentralizar no significa únicamente distribuir presupuestos o trasladar instituciones.
También significa descentralizar la atención del poder.
Cuando un presidente sale del Palacio Nacional, se reúne con las comunidades, escucha a los sectores productivos y verifica personalmente cómo avanzan las obras públicas, reduce la distancia entre el Gobierno y los ciudadanos.
República Dominicana todavía tiene muchos desafíos pendientes y ninguna administración debe considerarlos resueltos.
Pero gobernar cerca del territorio constituye una buena señal.
El poder público adquiere mayor sentido cuando, en lugar de esperar que el país llegue hasta su despacho, es el Gobierno el que sale a encontrarse con el país.









