
Por Alfredo García
En el escenario político de Estados Unidos comienzan a destacar dos figuras de ascendencia latina que se perfilan como posibles candidatos presidenciales por sus respectivos partidos.
Ellos son Marco Rubio, por el Partido Republicano, y Alexandria Ocasio-Cortez, por el Partido Demócrata.

Ambos, de ascendencia caribeña, podrían abrir el camino para que Estados Unidos tenga por primera vez un presidente de ascendencia latinoamericana y, en especial, caribeña.
Marco Rubio, pese a haber afirmado que no se postulará, ha recibido muestras espontáneas de apoyo que lo perfilan como un posible candidato del Partido Republicano para las elecciones de 2028.
Y pese a estar manejando la agenda internacional de su país, dentro de un gobierno beligerante como el de Donald Trump, su figura genera simpatía y buena aceptación a nivel general.
Tanto es así que su confirmación como secretario de Estado, en enero de 2025, en el Congreso de Estados Unidos, fue unánime. Esto quiere decir que todos los senadores demócratas votaron a su favor, y ni hablar de los senadores de su partido, el Republicano, que, como era de esperarse, lo apoyaron en su totalidad.
Hasta enero de este año, quien se perfilaba como favorito para suceder a Donald Trump era el actual vicepresidente, JD Vance. Sin embargo, la manera en que se ha manejado el exsenador de Florida y el dominio que manifiesta de la política exterior lo perfilan como un posible delfín.
De su lado, Alexandria Ocasio-Cortez, de ascendencia puertorriqueña, es una hechura y alumna aventajada de Bernie Sanders, el senador por Vermont que se erige como la figura más poderosa en estos momentos dentro de las corrientes progresistas del Partido Demócrata, a juzgar, entre otras conquistas, por haber logrado colocar a su pupilo Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York.
Pero, volviendo a la diputada o representante Ocasio-Cortez, con tan solo 36 años, se perfila como la cara fresca y femenina del nuevo socialismo en su país. Desde su llegada al Congreso en 2018, no ha hecho más que mantenerse en la palestra como una férrea opositora al actual presidente norteamericano, así como participar activamente en las luchas sociales de impacto mediático.
Pero su oposición no solo se extiende a los republicanos, sino también a los mismos demócratas que asumen posturas moderadas. En más de una ocasión ha ido tras los líderes tradicionales de su partido cuando chocan ideológicamente, lo que, al parecer, le reditúa a lo interno, ya que es la figura que más atención concita en sus apariciones públicas.
Los medios de comunicación proyectan una imagen positiva de ella, salvo, como es natural, los conservadores, que cuestionan duramente sus posturas por considerarlas propias de la extrema izquierda.
Sin duda, Alexandria Ocasio-Cortez ha ganado fuerza dentro del Partido Demócrata en los últimos ocho años. Algunas encuestas incluso la han colocado por encima de figuras como el senador Chuck Schumer y el gobernador de California, Gavin Newsom. Su principal fortaleza es la conexión que mantiene con los jóvenes, un sector clave frente a sus posibles rivales.
Si bien es cierto que dentro del Partido Demócrata hay una tendencia cada vez más progresista y que Ocasio-Cortez representa esa corriente, lo que podría favorecerla, también es cierto que algunos votantes independientes consideran que sus posturas son demasiado radicales. Esto podría convertirse en una desventaja en momentos importantes.
Un hecho es que Ocasio-Cortez representa una renovación dentro de su partido. Sin embargo, si mantiene una postura muy radical, podría enfrentar dificultades ante un Marco Rubio que cuenta con experiencia política y respaldo entre distintos sectores de la población.
Finalizo diciendo que, si Marco Rubio y Alexandria Ocasio-Cortez fueran candidatos, Estados Unidos podría tener, para el 21 de enero de 2029, un presidente o una presidenta de ascendencia latinoamericana.









