
Por Letty Rosamon
La reciente difusión en plataformas digitales de la denuncia realizada por una joven usuaria respecto a la intervención de un agente de seguridad en Ágora Mall ha reavivado una discusión sobre los límites regulatorios de los establecimientos privados y los derechos individuales de los ciudadanos en la República Dominicana.
Según el relato difundido por la joven, personal de seguridad la cuestionó sobre su destino dentro de la plaza mientras se dirigía a un establecimiento de alimentos. La usuaria atribuyó la intervención a su vestimenta y expresó públicamente su inconformidad.

El episodio ha generado posiciones contrapuestas: de un lado, quienes defienden las facultades de los establecimientos privados para fijar normas de convivencia y seguridad; del otro, quienes consideran que las restricciones basadas en la apariencia pueden convertirse en un trato discriminatorio.
Las normas del establecimiento
Ágora Mall cuenta con un código de seguridad y normas de conducta publicado por el propio centro comercial. Entre otras disposiciones, restringe el ingreso sin camisa o zapatos, con ropa interior visible, traje de baño o vestimenta que considere obscena, ofensiva o incompatible con un centro comercial familiar.
La existencia de reglas internas aporta un elemento concreto al debate. Sin embargo, la discusión no termina con la existencia de un reglamento: también importa cómo se comunica, interpreta y aplica a los distintos usuarios.
Expresión individual y trato igualitario
Quienes cuestionan la actuación del personal de seguridad enfocan el problema desde la libertad individual, la dignidad y los principios de igualdad y no discriminación. Desde esta perspectiva, una norma privada debería aplicarse mediante criterios claros y consistentes, evitando valoraciones arbitrarias sobre la apariencia de una persona.
La controversia también plantea una pregunta práctica: ¿hasta dónde puede llegar un establecimiento abierto al público al establecer condiciones de acceso y permanencia sin que su aplicación produzca un trato desigual?
Protocolos claros para evitar arbitrariedades
El valor de esta discusión no debería reducirse a la polarización que suele producirse en las redes sociales. Los establecimientos de gran afluencia pueden contribuir a evitar conflictos mediante protocolos públicos, comprensibles y aplicados de manera uniforme por su personal de vigilancia.
La convivencia exige equilibrar el cumplimiento de las normas internas con el respeto a la dignidad de quienes utilizan espacios comerciales de acceso masivo. La seguridad real y la convivencia deben descansar en criterios objetivos, no únicamente en apreciaciones subjetivas sobre la estética o el estilo personal.
El episodio de Ágora Mall vuelve a colocar sobre la mesa una conversación necesaria en la sociedad dominicana: cómo armonizar las reglas de los espacios privados abiertos al público con una sociedad en la que las formas de expresión individual son cada vez más diversas.








