
Editorial | Diario El Caribeño
Santo Domingo, República Dominicana | 29 de octubre de 2026
Hay algo profundamente preocupante cuando una joven dominicana, en lugar de celebrar el crecimiento de su negocio, tiene que expresar públicamente su impotencia porque los gastos y las dificultades amenazan aquello que tanto esfuerzo le costó construir.

Detrás de cada pequeño emprendimiento hay una historia que merece ser escuchada. Hay sacrificios, préstamos, noches sin dormir, familias que apuestan sus ahorros y personas que se resisten a depender de otros para construir su futuro.
Sin embargo, emprender en República Dominicana se está convirtiendo, para muchos, en una verdadera carrera de obstáculos.
La reciente denuncia de una joven emprendedora que asegura haber sufrido la suspensión del servicio eléctrico de su negocio, pese a haber presentado una reclamación de facturación y realizado un pago, vuelve a poner este problema sobre la mesa. Las circunstancias particulares de ese caso deben investigarse y aclararse antes de establecer responsabilidades, pero la preocupación que expresa merece ser escuchada.
Las dificultades para acceder a financiamiento, los elevados costos operativos, las interrupciones del servicio eléctrico y las denuncias sobre facturas que algunos consumidores consideran excesivas representan cargas que pueden resultar insostenibles para un pequeño negocio.
Y aquí surge una pregunta que como sociedad debemos hacernos: ¿de qué sirve motivar a nuestros jóvenes a emprender si después no encuentran las condiciones necesarias para mantenerse a flote?
El desarrollo también debe llegar al negocio del barrio
No podemos hablar de desarrollo económico únicamente desde las grandes inversiones, las estadísticas nacionales o los anuncios institucionales. El desarrollo también debe sentirse en el pequeño salón de belleza, la cafetería del barrio, el colmado, el taller y el negocio familiar que genera dos o tres empleos.
Es justo reconocer que existen programas gubernamentales de apoyo al emprendimiento y esfuerzos dirigidos a fortalecer las micro, pequeñas y medianas empresas. Pero también debemos reconocer que todavía existen obstáculos importantes entre esas iniciativas y la realidad cotidiana de muchos emprendedores.
El país necesita instituciones capaces de escuchar antes de que una situación se convierta en una crisis.
Reclamos eléctricos que necesitan respuestas claras
Necesita empresas distribuidoras de electricidad que investiguen oportunamente las reclamaciones, expliquen con transparencia los consumos facturados y garanticen un servicio cada vez más estable.
La dimensión del problema puede apreciarse en un dato oficial: la Superintendencia de Electricidad informó que PROTECOM emitió 17,466 decisiones procedentes a favor de usuarios durante el primer semestre de 2026. Esa cifra no demuestra irregularidad alguna en el caso particular de la emprendedora, pero sí refleja la importancia de contar con mecanismos eficaces para atender las reclamaciones.
También necesita mecanismos de financiamiento accesibles, orientación empresarial y políticas que permitan a los pequeños negocios crecer sin quedar asfixiados por sus compromisos económicos.
Porque cuando un emprendimiento cierra, no solamente desaparece un negocio. También puede perderse una fuente de empleo, una oportunidad de independencia económica y el sueño de una familia.
Un llamado a escuchar y actuar
Desde Diario El Caribeño hacemos un llamado respetuoso, pero firme, al Gobierno dominicano, al sector eléctrico y a las instituciones responsables de promover el emprendimiento.
No basta con celebrar las historias de éxito. También hay que escuchar a quienes están al borde del fracaso y necesitan soluciones concretas.
La indignación ciudadana no debe convertirse en una batalla política ni quedarse en una tendencia pasajera de las redes sociales. Debe servir para identificar problemas, corregir deficiencias y fortalecer las oportunidades de nuestra gente.
Un país que aspira a seguir creciendo no puede permitir que sus emprendedores se sientan abandonados.
La verdadera grandeza de una nación no se mide solamente por la cantidad de empresas que llegan, sino también por la cantidad de pequeños negocios que logra ayudar a permanecer abiertos.
Que la angustia de una joven emprendedora no sea simplemente otro video viral que mañana olvidemos.
Que sea una oportunidad para escuchar, reflexionar y actuar.
Porque República Dominicana necesita más jóvenes creando empleos, no más jóvenes renunciando a sus sueños.
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