
Editorial | Diario El Caribeño
En política siempre resulta más fácil criticar que gobernar. Es más sencillo prometer soluciones mágicas que asumir la responsabilidad de tomar decisiones difíciles para proteger el futuro de una nación. Sin embargo, los gobiernos que piensan en el largo plazo tienen la obligación de actuar antes de que las crisis golpeen con toda su fuerza.
Las medidas anticrisis anunciadas por el Gobierno dominicano deben analizarse precisamente desde esa perspectiva: la de un país que se prepara para enfrentar un entorno internacional complejo sin sacrificar el bienestar de su gente ni poner en riesgo los logros alcanzados durante décadas de esfuerzo colectivo.
República Dominicana no es una isla económica desconectada del mundo. Los conflictos internacionales, las tensiones comerciales, la volatilidad de los precios del petróleo, las presiones inflacionarias y la desaceleración de importantes economías tienen efectos directos sobre nuestra realidad. Ignorar esos riesgos sería irresponsable.

Por eso resulta importante destacar que las medidas anunciadas no representan una reforma fiscal, sino un plan anticrisis, bien estructurado que no busca castigar el consumo o cargar sobre los hombros de la clase media el peso de los ajustes. Todo lo contrario.
El Gobierno ha decidido preservar el ITBIS, mantener libres de nuevos impuestos las compras por internet, proteger a las micro, pequeñas y medianas empresas, ampliar beneficios para el sector agropecuario, aumentar las deducciones educativas y sostener los programas sociales dirigidos a los sectores más vulnerables.
Se trata de una señal clara de que la prioridad es proteger a quienes sostienen la economía real del país: las familias trabajadoras, los emprendedores, los productores y la clase media que cada día lucha por salir adelante.
También resulta significativo que el Estado haya decidido comenzar el esfuerzo por sí mismo. La reducción del gasto público, la racionalización institucional y los ahorros proyectados envían un mensaje de responsabilidad fiscal que durante años ha sido reclamado por distintos sectores de la sociedad.
Pero quizás el aspecto más importante de este plan sea el que muchos parecen pasar por alto: la defensa de la estabilidad económica.
Las crisis económicas no comienzan cuando sube el dólar. Las crisis empiezan cuando los gobiernos dejan de actuar a tiempo. Comienzan cuando se ignoran las señales de alerta y cuando se sacrifica la responsabilidad por conveniencia política.
Hoy República Dominicana exhibe una de las economías más dinámicas de América Latina. Nuestro país mantiene niveles de crecimiento que muchas naciones de la región quisieran alcanzar. La inversión extranjera continúa llegando. El turismo sigue batiendo récords. La moneda dominicana conserva una estabilidad que contrasta con la realidad de numerosos países vecinos.
Nada de eso es casualidad.
La estabilidad cambiaria, la confianza de los inversionistas y el crecimiento económico son el resultado de decisiones responsables, disciplina fiscal y una conducción económica prudente.
Quienes minimizan estos logros deberían observar lo que ocurre en otras naciones de la región donde la inflación ha erosionado el poder adquisitivo, las monedas se han depreciado aceleradamente y la incertidumbre económica se ha convertido en una amenaza permanente para millones de familias.
La República Dominicana no puede permitirse recorrer ese camino.
Las medidas anunciadas buscan precisamente evitar que una crisis internacional termine golpeando a quienes menos capacidad tienen para resistirla. Buscan preservar empleos, proteger la inversión, fortalecer la producción nacional y garantizar que el país continúe creciendo en medio de un escenario global incierto.
Por supuesto, toda medida pública es susceptible de debate. Esa es la esencia de la democracia. Pero también es necesario reconocer cuando una decisión responde al interés nacional y no al cálculo político.
La verdadera pregunta no es si estas medidas son cómodas. La verdadera pregunta es si estamos dispuestos a proteger la estabilidad económica que tanto nos ha costado construir.
La historia demuestra que los países no fracasan por tomar decisiones responsables a tiempo. Fracasan cuando permiten que la improvisación sustituya la planificación y cuando la demagogia se impone sobre la responsabilidad.
República Dominicana tiene hoy una oportunidad de seguir consolidando su crecimiento, fortalecer su posición en la región y proteger a su gente frente a los desafíos del futuro.
La estabilidad económica no es un privilegio. Es una conquista nacional. Y defenderla debe ser una responsabilidad compartida por todos.
Porque cuando un país protege su estabilidad, protege también los empleos, las inversiones, las oportunidades y la esperanza de millones de familias dominicanas.









