
Por: Valentín Pérez, M. A.
Contador Público Autorizado, Vicepresidente ICPARD, Filial Espaillat.
La transformación digital es un paso necesario en cualquier país que avanza. En República Dominicana, la implementación de la facturación electrónica representa un salto importante hacia la modernización de nuestra economía. Sin embargo, cuando una medida es positiva en su concepción pero difícil en su ejecución, quienes más suelen sentir el peso de esa brecha son, una vez más, los más pequeños: nuestros microempresarios, comerciantes informales y mipymes.

El próximo 15 de noviembre de 2026 se acerca como una fecha límite que genera más incertidumbre que tranquilidad en muchos sectores. Es la fecha hasta la cual la DGII ha facilitado el acceso al llamado Facturador Gratuito, una herramienta diseñada precisamente para que quienes tienen menos recursos tecnológicos puedan cumplir con sus obligaciones fiscales sin grandes inversiones.
Pero en la práctica, la realidad que vemos en nuestros barrios, en nuestros mercados y en nuestros pequeños negocios es distinta. Muchos comerciantes que desean formalizarse encuentran barreras que no deberían existir en una herramienta llamada “gratuita”: falta de claridad en los pasos, dificultades técnicas, requisitos que parecen complejos para quien no está familiarizado con plataformas digitales, y en muchos casos, la sensación de que el sistema fue diseñado pensando en grandes empresas, no en el colmado de la esquina, la modista o el agricultor local.
No se trata de oponerse a la modernización. Todo lo contrario: formalizarse debe ser beneficioso para el empresario, no una carga que lo agobie. La facturación electrónica debería verse como una oportunidad para que el pequeño comerciante lleve mejor sus cuentas, acceda a crédito y crezca, no como un trámite que temer.
¿Qué hace falta entonces? Quizás menos prórrogas y más acompañamiento. Más orientación presencial en las propias comunidades, guías en lenguaje sencillo, talleres prácticos y un soporte técnico que responda cuando el sistema falla. Porque no basta con poner la herramienta en internet si la persona que necesita usarla no tiene acceso a internet de calidad, o no se siente cómoda con la tecnología.
Si queremos una economía más formal, debemos asegurarnos de que nadie se quede atrás por falta de conocimientos técnicos. El objetivo final no debería ser solo que todos facturen, sino que todos entiendan para qué sirve y cómo les beneficia. La tecnología debe servirle al ser humano, no al revés.









