
Aunque faltan varios años para las elecciones presidenciales de 2028, la política dominicana ha comenzado a enviar señales inequívocas de que las estructuras partidarias están entrando en una etapa de reacomodo interno. Las declaraciones, alianzas y movimientos que observamos en los principales partidos no son hechos aislados; son piezas de un tablero que comienza a reorganizarse.
En el Partido Revolucionario Moderno (PRM), las recientes expresiones de Eduardo «Yayo» Sanz Lovatón y su acercamiento con David Collado han sido interpretadas por amplios sectores políticos como el inicio de una convergencia entre dos de los proyectos con mayor peso dentro de la organización oficialista. Durante los últimos días se han producido encuentros y señales públicas de entendimiento entre ambos equipos, alimentando las versiones de un eventual apoyo de Yayo a las aspiraciones presidenciales de Collado.
Más allá de los nombres, el mensaje es claro: dentro del PRM algunos dirigentes parecen haber comprendido que la unidad temprana puede convertirse en una ventaja estratégica frente a una oposición que aún busca consolidar liderazgos.

En el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) también se perciben movimientos importantes. Las versiones sobre la decisión de Charlie Mariotti de retirar sus aspiraciones presidenciales para respaldar a Gonzalo Castillo reflejan una realidad política difícil de ignorar: los partidos comienzan a concentrar fuerzas alrededor de quienes consideran tienen mayores posibilidades competitivas. Aunque meses atrás Mariotti había reiterado públicamente sus aspiraciones, el debate interno del PLD parece estar girando cada vez más alrededor de la figura de Gonzalo Castillo, quien continúa encabezando diversas mediciones dentro de esa organización.
Mientras tanto, en la Fuerza del Pueblo surgen señales que merecen atención. Omar Fernández, considerado por muchos como la principal figura emergente de la oposición, ha comenzado a expresar preocupación por la salida de dirigentes y por el trato que reciben sectores vinculados a su corriente política. Más que una simple queja, sus declaraciones parecen constituir un llamado a la reflexión interna y a la necesidad de revisar el funcionamiento del partido. Recientemente, el senador afirmó que la organización debe hacer un ejercicio de «introspección» para entender las razones detrás de las renuncias y descontentos que se han producido en sus filas.
Lo interesante de este escenario es que los tres principales partidos parecen estar enfrentando el mismo desafío: definir quién liderará el próximo ciclo político.
El PRM busca evitar una confrontación interna que desgaste al partido en el poder. El PLD procura reconstruir una estructura que le permita volver a ser competitivo. Y la Fuerza del Pueblo enfrenta el reto de administrar la coexistencia entre el liderazgo histórico de Leonel Fernández y el crecimiento político de Omar Fernández.
La política dominicana suele acelerar sus tiempos. Lo que hoy parecen simples declaraciones podría convertirse mañana en alianzas formales, acuerdos estratégicos o nuevas fracturas.
Por eso, más que observar nombres, conviene observar tendencias. Y la tendencia que se perfila es evidente: las fichas ya comenzaron a moverse.
La carrera hacia el 2028 no ha sido oficialmente inaugurada, pero en los hechos, hace tiempo que comenzó.









