
Por Karen Serrata
Cuando dentro de algunos años recordemos los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, probablemente hablaremos de las 150 medallas conquistadas por República Dominicana, de los 46 oros y de una de las actuaciones más importantes de nuestro deporte.
Pero si queremos contar esa historia completa, necesariamente tendremos que escribir una parte importante de ella en femenino.

Detrás de las cifras existe una historia extraordinaria: la participación de las mujeres dominicanas y su peso determinante en el medallero nacional.
De las 46 medallas de oro alcanzadas por República Dominicana, 18 fueron conquistadas en competencias exclusivamente femeninas. Y si sumamos los dos relevos mixtos de atletismo en los que participaron nuestras atletas, las mujeres estuvieron presentes en la conquista de 20 de los 46 oros dominicanos.
Es decir, cerca del 44 % de nuestros oros tuvieron participación femenina.
Eso no es simplemente una estadística.
Es una demostración del lugar que ocupa hoy la mujer dentro del deporte dominicano.
Una generación que aprendió a ganar
Liranyi Alonso terminó convertida en una de las grandes figuras de estos Juegos. Con apenas 20 años conquistó cuatro medallas de oro y se convirtió en la atleta más laureada de la delegación dominicana.
Y su actuación deja una noticia todavía más importante para nuestro deporte: hay relevo generacional.
Durante años nos hemos acostumbrado a mirar a Marileidy Paulino como el gran símbolo del atletismo femenino dominicano.
Y con sobradas razones.
Marileidy volvió a responder cuando su país la necesitó, demostrando una vez más por qué se ha convertido en una de las grandes referencias deportivas de República Dominicana.
Pero Santo Domingo 2026 también nos mostró que Marileidy ya no está sola.
Detrás vienen otras.
Liranyi Alonso, Marysabel Senyú, Rosa Angélica Ramírez y muchas jóvenes que comienzan a escribir sus propios nombres dentro de nuestra historia deportiva.
No fue solamente atletismo
Y quizás ese sea uno de los elementos que más debemos valorar.
Las dominicanas no brillaron en una sola disciplina.
Brillaron en atletismo, karate, judo, levantamiento de pesas, boxeo, baloncesto, voleibol y otras especialidades.
Nuestras atletas subieron una y otra vez al podio.
Las Reinas del Caribe volvieron a demostrar que su dominio regional no es producto de la casualidad.
El baloncesto 3×3 femenino también se vistió de oro.
En judo, karate y levantamiento de pesas encontramos mujeres capaces de competir al más alto nivel y llevar nuestra bandera hasta lo más alto.
Y junto a las campeonas estuvieron también aquellas que conquistaron medallas de plata y de bronce, contribuyendo decisivamente a que República Dominicana alcanzara las 150 preseas.
Porque a veces cometemos el error de mirar solamente el oro.
Pero llegar a un podio centroamericano también representa años de entrenamientos, madrugadas, sacrificios, lesiones, frustraciones y renuncias personales.
Una medalla de plata o de bronce puede representar toda una vida de trabajo.
Que no recordemos solamente a las famosas
Marileidy Paulino merece cada aplauso.
Liranyi Alonso merece convertirse desde ahora en una de las nuevas grandes figuras de nuestro deporte.
Las Reinas del Caribe merecen todos los reconocimientos.
Pero Santo Domingo 2026 también debe servir para que aprendamos los nombres de muchas mujeres que no tienen todavía millones de seguidores ni grandes contratos publicitarios.
Mujeres que entrenaron durante años.
Que representaron dignamente al país.
Que ganaron oro, plata o bronce.
Y también aquellas que no consiguieron subir al podio, pero entregaron todo defendiendo nuestros colores.
También ellas forman parte de esta historia.
Invertir en las mujeres produce resultados
Estos Juegos dejan una enseñanza que trasciende las pistas, los tatamis, las canchas y los gimnasios.
Cuando una mujer recibe oportunidades, preparación, entrenadores, instalaciones y condiciones para desarrollar su talento, responde.
Y las dominicanas respondieron.
Respondieron corriendo.
Saltando.
Levantando pesas.
Boxeando.
Jugando baloncesto.
Practicando karate, judo, voleibol, gimnasia, natación y muchas otras disciplinas.
Por eso, el desafío después de Santo Domingo 2026 no puede limitarse a celebrar las medallas.
Ahora tenemos que preguntarnos cuántas niñas dominicanas pueden convertirse en las próximas campeonas si somos capaces de descubrir su talento y proporcionarles oportunidades.
Hay que fortalecer el deporte femenino desde las escuelas.
Hay que identificar talentos desde edades tempranas.
Hay que respaldar a nuestras federaciones y entrenadores.
Y hay que procurar que ninguna niña dominicana con condiciones para el deporte tenga que abandonar sus sueños simplemente porque su familia no cuenta con los recursos económicos para acompañarla.
Porque una medalla se entrega en unos minutos.
Pero una campeona se construye durante años.
República Dominicana vivió unos Juegos históricos.
Las 150 medallas quedarán registradas para siempre en nuestros libros deportivos.
Pero detrás del frío número del medallero quedará una imagen todavía más poderosa: mujeres dominicanas de pie sobre un podio, observando subir nuestra bandera mientras escuchan las notas del Himno Nacional.
Por eso, cuando recordemos los Centroamericanos 2026, no podemos hablar de ellas como una nota al margen.
Ellas fueron protagonistas.
Ellas corrieron, lucharon, saltaron, levantaron, golpearon, defendieron y ganaron por República Dominicana.
Ellas también hicieron historia.
Karen Serrata







