
El calendario dice que todavía falta tiempo para las elecciones presidenciales de 2028. Sin embargo, da la impresión de que una parte importante de la clase política ya dejó de mirar el presente para concentrarse en la próxima campaña. Mientras tanto, los ciudadanos siguen esperando respuestas a los problemas que afectan su vida diaria: el costo de la vida, la seguridad, el empleo, el tránsito, la educación y la salud.
Es natural que los partidos comiencen a prepararse para el futuro. La democracia se fortalece con la competencia política y la alternancia en el poder. Lo preocupante es cuando la estrategia electoral termina desplazando la responsabilidad de gobernar o de ejercer una oposición seria, responsable y propositiva.
Cada declaración, cada movimiento y cada alianza parecen medirse únicamente por el impacto que podrían tener en las elecciones de 2028. Se habla más de candidaturas que de soluciones. Más de encuestas que de resultados. Más de cálculos políticos que de políticas públicas capaces de mejorar la vida de la gente.

La ciudadanía necesita una dirigencia que comprenda que el país no puede quedar en pausa mientras los actores políticos organizan sus proyectos personales o partidarios. Gobernar exige atender el presente con eficacia y sensibilidad. Hacer oposición también implica fiscalizar con responsabilidad, señalar errores y presentar alternativas viables para resolver los problemas nacionales.
La confianza en la política no se recuperará con campañas más creativas ni con mejores estrategias de comunicación. Se recuperará cuando los ciudadanos perciban que quienes aspiran a dirigir el país dedican el mismo esfuerzo a resolver los desafíos actuales que al diseño de sus aspiraciones electorales.
República Dominicana enfrenta retos que no admiten espera. La inseguridad, el costo de los alimentos, la calidad de los servicios públicos, la generación de empleos, la educación y el fortalecimiento institucional requieren decisiones y acciones hoy, no promesas para mañana.
Todavía faltan años para que los dominicanos vuelvan a las urnas. Antes de pedir nuevamente el voto, la clase política tiene una tarea mucho más urgente: demostrar con hechos que, además de pensar en el 2028, también está pensando en el país de hoy.
Porque las elecciones pueden esperar. Los problemas de la gente, no.








