
Santo Domingo.— Lo que ocurra entre Irán y Estados Unidos durante los próximos días puede parecer distante para una familia dominicana, pero existe una vía rápida capaz de traer el conflicto hasta su presupuesto: el precio del petróleo.
Washington prepara nuevas sanciones contra Teherán mientras autoridades iraníes endurecen sus advertencias y el estrecho de Ormuz continúa bajo fuertes restricciones. La ruta marítima, por la que antes de la guerra transitaba alrededor de una quinta parte del petróleo mundial, sigue siendo uno de los principales focos de incertidumbre para los mercados energéticos.
El viernes, el crudo Brent cerró en US$94.39 por barril, impulsado por las preocupaciones sobre las nuevas sanciones estadounidenses y una posible reducción adicional de la oferta.

Para República Dominicana, la pregunta no es solamente qué hará Irán. La pregunta es cuánto tiempo puede permanecer caro el petróleo y cuánto costaría absorber ese impacto.
República Dominicana compra fuera gran parte de la energía que consume
La economía dominicana depende de las importaciones de petróleo y derivados para mantener en movimiento vehículos, transporte de mercancías, industrias y parte del sistema energético.
Eso hace que cualquier choque sostenido en los mercados internacionales termine trasladándose, directa o indirectamente, a la economía local.
El Banco Central de la República Dominicana ha reconocido durante 2026 que el conflicto en Medio Oriente ha elevado los precios internacionales del petróleo y las tarifas de transporte, generando mayores costos de producción.
El problema, por tanto, no comienza en las estaciones de combustibles. Empieza antes.
Un petróleo más caro aumenta la factura de importación del país, eleva los costos para empresas que dependen del transporte y puede encarecer productos que recorren largas distancias antes de llegar al consumidor.
El primer escudo son los subsidios, pero tienen un costo
El Gobierno dominicano ha utilizado recursos públicos para evitar que cada movimiento internacional del petróleo llegue inmediatamente al precio pagado por los consumidores.
Solo para la semana del 18 al 24 de julio, el Gobierno destinó RD$875.3 millones para mantener sin variación los principales combustibles. Hasta ese momento, el gasto acumulado durante 2026 para amortiguar el choque petrolero había alcanzado RD$22,198.3 millones, según datos oficiales.
La estrategia busca evitar que aumentos en la gasolina, el gasoil y el GLP se conviertan rápidamente en mayores tarifas de transporte o costos adicionales para el comercio y la producción.
Pero ese mecanismo también tiene límites.
Mientras más alto permanezca el petróleo y más prolongada sea la crisis, mayor puede ser la presión sobre las finanzas públicas si el Estado decide continuar absorbiendo una parte significativa del incremento.
En otras palabras, el dominicano puede no sentir todo el aumento directamente en la bomba de combustible, pero el país igualmente termina pagando una parte de la factura a través del presupuesto.
El transporte puede convertirse en una vía hacia la inflación
La relación entre petróleo e inflación ya se ha observado durante este mismo año.
En mayo, el grupo Transporte registró un aumento de 2.16 %, convirtiéndose en el de mayor contribución a la inflación del mes. El Banco Central atribuyó ese comportamiento principalmente a ajustes en los precios de las gasolinas y el gasoil en medio del encarecimiento internacional del petróleo provocado por las tensiones en Medio Oriente.
En junio volvió a ocurrir algo similar: el grupo Transporte aumentó 1.14 %, nuevamente influido por los combustibles.
La inflación interanual dominicana se situó en 5.47 % en julio, por encima del centro de la meta oficial de 4 % ± 1 %, aunque mostró una moderación frente al 5.67 % registrado en junio.
Esto ayuda a explicar por qué una nueva subida sostenida del petróleo sería especialmente incómoda para las autoridades económicas.
El país comenzaba a observar señales de moderación en los precios precisamente cuando vuelve a crecer la incertidumbre alrededor de Irán y del estrecho de Ormuz.
El impacto puede llegar al supermercado sin que el petróleo aparezca en la etiqueta
Cuando aumenta el gasoil utilizado para transportar mercancías, sube el costo de mover alimentos desde las zonas productoras hasta mercados, supermercados y comercios.
Cuando aumentan los costos de una empresa, una parte puede terminar trasladándose al consumidor.
Y cuando se encarece el transporte marítimo internacional, también pueden subir los costos de mercancías e insumos importados.
Por eso, el riesgo para República Dominicana no es únicamente pagar más por un galón de gasolina.
También es pagar más por transportar un saco de arroz, una caja de vegetales, materiales de construcción, productos industriales o mercancías importadas.
Los subsidios pueden retrasar parte de esa transmisión, pero difícilmente eliminan todos los efectos de una crisis energética prolongada.
Las empresas también sienten el golpe
Para sectores productivos dominicanos, el petróleo caro significa mayores costos operativos.
Industrias, comercios, constructoras, empresas de distribución, transporte de carga y negocios que dependen de generación eléctrica propia pueden enfrentar incrementos en sus gastos.
El Banco Central reconoció a finales de julio que el choque de oferta asociado a los mayores precios del petróleo había generado presiones inflacionarias durante los meses anteriores y fue uno de los factores considerados al mantener la tasa de política monetaria en 5.25 % anual.
Eso demuestra que el conflicto internacional ya ha dejado de ser solamente una noticia de política exterior. Ha entrado en las decisiones económicas internas de República Dominicana.
También hay un efecto sobre los dólares que necesita el país
Las compras de petróleo y derivados se pagan principalmente en moneda extranjera.
Cuando aumenta el costo de esas importaciones, el país necesita destinar más dólares a cubrir su factura energética.
República Dominicana cuenta actualmente con elementos de protección importantes. El Banco Central reportó reservas internacionales cercanas a US$15,800 millones al cierre de junio y destacó el buen comportamiento del turismo, las remesas, las exportaciones y la inversión extranjera directa como fuentes de divisas.
Eso ofrece capacidad para enfrentar choques externos.
Pero una crisis prolongada siempre es más difícil que una subida temporal.
La verdadera amenaza no sería necesariamente un petróleo caro durante varios días, sino un escenario en el que las restricciones de Ormuz, las sanciones y las represalias mantengan los precios elevados durante meses.
Ormuz está lejos, pero económicamente queda muy cerca
El estrecho de Ormuz se encuentra a miles de kilómetros de República Dominicana.
Económicamente, sin embargo, la distancia es mucho menor.
El mercado internacional ha comenzado a incorporar la posibilidad de una crisis prolongada en esa ruta, después de una fuerte reducción de los flujos de petróleo desde Medio Oriente.
Mientras Estados Unidos aumenta la presión económica sobre Irán y Teherán amenaza con responder, el principal riesgo para economías como la dominicana es que la energía vuelva a convertirse en una fuente persistente de inflación mundial.
República Dominicana no puede decidir si Washington aplica nuevas sanciones. Tampoco puede decidir qué respuesta adopta Teherán.
Lo que sí puede hacer es prepararse para sus consecuencias.
El verdadero peligro para República Dominicana es que la crisis dure
Una subida puntual del petróleo puede manejarse mediante subsidios, ajustes fiscales y medidas temporales.
Una crisis prolongada es diferente.
Puede obligar al Gobierno a elegir entre destinar cada vez más recursos a contener los combustibles o permitir que una proporción mayor de los aumentos internacionales llegue a los consumidores.
Puede mantener presión sobre la inflación.
Puede aumentar costos de transporte y producción.
Y puede hacer más difícil que el Banco Central flexibilice las condiciones monetarias si los precios vuelven a acelerarse.
Por eso, la amenaza iraní y las nuevas sanciones estadounidenses importan en República Dominicana mucho más allá de la geopolítica.
Lo que está en juego para el país no es quién gana el pulso político entre Washington y Teherán.
Es cuánto costará mantener en movimiento una economía que todavía depende considerablemente de energía comprada en el exterior.
Una nueva escalada en Medio Oriente puede comenzar con discursos, sanciones y amenazas.
Pero para República Dominicana, su consecuencia más visible podría terminar apareciendo en un lugar mucho más cotidiano: el costo de llenar un tanque, transportar una mercancía o llevar comida a la mesa.









