
Santo Domingo.– República Dominicana enfrenta una paradoja en uno de sus servicios más esenciales: mientras una parte importante de los hogares recibe agua a través de redes de acueducto para las tareas domésticas, la inmensa mayoría recurre al botellón como principal fuente de agua para beber.
Datos del X Censo Nacional de Población y Vivienda 2022, publicados por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), muestran que 84.3 % de los hogares dominicanos utiliza agua de botellón para consumo directo.
En números absolutos, son 3,141,171 hogares de un total de 3,726,936 registrados en el país.

Más de 3.1 millones de hogares dependen del botellón para beber
La magnitud del dato muestra hasta qué punto el agua envasada se ha convertido en parte de la vida cotidiana de las familias dominicanas.
Otro 3.2 % de los hogares obtiene agua procesada distribuida mediante pequeños camiones, mientras una proporción mucho menor utiliza directamente alguna modalidad de agua proveniente del acueducto como fuente principal para beber.
El resultado dibuja una diferencia clara entre el agua utilizada para las actividades domésticas y la que las familias consideran adecuada para el consumo directo.
Tener agua por tubería no significa necesariamente beberla
El mismo levantamiento censal muestra una presencia considerable de las redes públicas para abastecer los hogares de agua destinada a bañarse, limpiar, fregar y otras tareas.
Sin embargo, esa cobertura no se traduce en el mismo nivel de utilización para beber. En numerosos hogares, el agua de la red y el agua de consumo terminan funcionando como dos sistemas diferentes.
La cifra del 84.3 % no significa que todos los hogares que consumen botellón tengan conexión directa a un acueducto. Sí evidencia, en cambio, que el botellón domina ampliamente como fuente principal de agua para beber en el país.
Una segunda factura dentro del presupuesto familiar
La dependencia del botellón introduce un componente económico relevante.
Para millones de familias, asegurar agua para beber implica realizar compras periódicas adicionales durante el mes, independientemente de otros pagos o gastos asociados al suministro doméstico.
En la práctica, el mercado de agua procesada funciona como una extensa red privada de abastecimiento que complementa el sistema público y que es financiada directamente por los hogares.
¿Por qué los dominicanos prefieren el botellón?
El censo permite conocer cuál es la fuente principal de agua utilizada para beber, pero no determina por sí solo todas las razones que explican esa elección.
Entre los factores que pueden influir están la continuidad del servicio, la condición de las redes internas, el almacenamiento en cisternas y tinacos y, de manera especial, la percepción de las familias sobre la calidad y seguridad del agua que llega a sus viviendas.
Incluso cuando el agua sale tratada desde una planta, puede recorrer tuberías, depósitos y sistemas internos antes de llegar al consumidor.
Por eso, cobertura, continuidad, potabilidad y confianza ciudadana son indicadores relacionados, pero no equivalentes.
El reto no termina en producir agua potable
Para las autoridades, el desafío no consiste únicamente en producir agua tratada en las plantas.
También implica garantizar que el líquido conserve condiciones adecuadas durante la distribución y que el servicio tenga suficiente continuidad para reducir la necesidad de almacenamiento prolongado.
La confianza de la población se convierte así en una parte esencial de la evaluación del sistema.
El botellón ya forma parte de la economía cotidiana
La enorme demanda de agua procesada ha convertido su producción y distribución en una actividad económica extendida por todo el territorio nacional.
Botellones se comercializan diariamente en colmados, supermercados, plantas procesadoras, camiones distribuidores y establecimientos especializados.
Para muchos hogares, su compra dejó de ser una solución excepcional y pasó a formar parte del presupuesto regular.
Fiscalización y salud pública
La dependencia masiva del agua procesada plantea además un desafío de supervisión sanitaria.
Si millones de personas dependen diariamente de ese producto, resulta esencial que las plantas procesadoras, los sistemas de llenado, el transporte, la limpieza de envases y el almacenamiento cumplan los estándares correspondientes.
La calidad del agua comercializada se convierte, por tanto, en un asunto directamente relacionado con la salud pública.
También existe un impacto ambiental
El uso generalizado de envases implica además costos ambientales asociados a la fabricación, transporte, reutilización y eventual sustitución de los recipientes.
Aunque los botellones de gran capacidad pueden utilizarse múltiples veces, su cadena de distribución requiere plástico, combustible y logística de transporte.
Reducir la dependencia del agua envasada tendría efectos que irían más allá del presupuesto familiar.
Una brecha de confianza que las tuberías por sí solas no resuelven
El dato del 84.3 % muestra que el acceso al agua no puede medirse únicamente por kilómetros de tuberías instaladas o viviendas conectadas a sistemas públicos.
Una red de abastecimiento alcanza su objetivo más ambicioso cuando, además de llevar agua hasta los hogares, logra que la población tenga confianza suficiente en su calidad para consumirla directamente.
Hoy, más de 3.1 millones de hogares dominicanos utilizan el botellón como su principal fuente de agua para beber.
El desafío de largo plazo será reducir la distancia entre tener acceso al agua y confiar en ella para el consumo humano.
Fuente: Oficina Nacional de Estadística (ONE), X Censo Nacional de Población y Vivienda 2022 y fascículo sobre agua y saneamiento en los hogares de la República Dominicana.









