
Editorial | Diario El Caribeño
La crisis en la Maternidad Nuestra Señora de La Altagracia ha comenzado a aclararse, pero todavía está lejos de estar completamente explicada.
Ahora sabemos algo que no estaba claro cuando comenzaron a circular las primeras denuncias: entre julio y agosto fallecieron 31 neonatos en el centro, pero solo tres de los fallecidos presentaron cultivos positivos a microorganismos identificados dentro del brote registrado en agosto.

Esa precisión importa.
Importa porque evita una afirmación que los datos disponibles no permiten sostener: que 30 o 31 bebés murieron a causa de bacterias.
No es eso lo que ha establecido hasta ahora la información clínica divulgada.
Pero también importa por otra razón.
Tres bebés son demasiado.
No para condenar anticipadamente a médicos, enfermeras, administradores o autoridades. No para convertir una tragedia sanitaria en munición política. Y tampoco para desconocer que muchos de los demás recién nacidos fallecidos enfrentaban condiciones médicas extremadamente complejas, entre ellas prematuridad extrema, anomalías congénitas y otras patologías capaces de comprometer gravemente la supervivencia neonatal.
Tres son demasiado porque tres recién nacidos fallecidos presentaron microorganismos multirresistentes en medio de un brote dentro de una maternidad pública y el país tiene derecho a saber exactamente qué ocurrió.
Lo que sabemos y lo que todavía no sabemos
El Servicio Nacional de Salud (SNS) informó que durante agosto se produjeron 17 defunciones neonatales entre el día 1 y el 24. Informaciones posteriores precisaron que en julio se habían registrado otras 14, para un total de 31 fallecimientos en ambos meses.
El SNS también informó que 15 recién nacidos presentaron hemocultivos positivos durante el brote y que tres de los neonatos fallecidos tuvieron aislamiento de los microorganismos detectados.
Eso todavía no responde por sí solo la pregunta central:
¿qué papel desempeñaron esas infecciones en la muerte de esos tres bebés?
Encontrar una bacteria en un paciente fallecido no demuestra automáticamente que esa bacteria haya provocado su muerte.
Mucho menos cuando se trata de recién nacidos muy prematuros, cuya condición de base puede ser extremadamente delicada.
Precisamente por eso se necesita una investigación rigurosa.
No una conclusión apresurada.
Ni para acusar.
Ni para absolver.
Investigar no puede convertirse en una formalidad
La vicepresidenta Raquel Peña informó que el Servicio Nacional de Salud y el Ministerio de Salud Pública realizan una investigación sobre lo ocurrido y afirmó que para el Gobierno una sola muerte ya representa demasiado.
Es la respuesta que corresponde ante una situación de esta naturaleza.
Pero una investigación sanitaria solo tendrá verdadero valor si termina produciendo respuestas concretas.
El país necesita saber cuándo apareció el primer caso; qué microorganismos fueron identificados; en qué áreas fueron detectados; qué medidas se adoptaron inmediatamente; si se cumplieron los protocolos de aislamiento y desinfección; si existieron problemas de infraestructura, equipos, agua o manejo clínico; y si alguna falla era prevenible.
Decir que se está investigando es apenas el comienzo.
Lo verdaderamente importante será explicar qué encontró la investigación y qué se hará después.
Tres positivos no significan tres muertes causadas por bacterias
Los medios de comunicación también tenemos una responsabilidad.
Hasta que los análisis clínicos y epidemiológicos establezcan la relación correspondiente, Diario El Caribeño considera incorrecto afirmar como hecho que tres bebés murieron “por bacterias”.
Lo confirmado es que tres de los neonatos fallecidos presentaron cultivos positivos a microorganismos identificados durante el brote.
La diferencia puede parecer pequeña en un titular.
Médicamente es enorme.
Determinar la causa de una muerte requiere revisar el cuadro clínico completo, los cultivos, la evolución del paciente, sus condiciones previas y otros elementos que solamente una evaluación especializada puede establecer.
Informar con rigor no disminuye la gravedad del caso.
La aumenta.
Porque una sociedad necesita conocer exactamente qué sucedió, no simplemente recibir la versión más impactante.
Que las estadísticas mejoren no cierra el caso
El SNS informó este jueves que la mortalidad neonatal en los hospitales de la Red Pública de Salud disminuyó un 30.1 % entre enero y julio de 2026 frente al mismo período de 2019, con 327 defunciones menos.
Ese resultado debe reconocerse.
Cuando un indicador sanitario mejora, el país también debe saberlo.
Pero una estadística nacional favorable no puede utilizarse para diluir una situación específica que merece investigación.
Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
La mortalidad neonatal puede estar disminuyendo en la red pública y, simultáneamente, un brote dentro de una maternidad puede revelar fallas que necesitan ser identificadas y corregidas.
La mejoría estadística no elimina la responsabilidad de investigar cada evento potencialmente prevenible.
Al contrario.
Una política sanitaria verdaderamente comprometida con reducir la mortalidad debe estudiar precisamente esos casos para impedir que vuelvan a repetirse.
Las sociedades médicas tienen razón al pedir una investigación técnica
La Sociedad Dominicana de Pediatría y la Sociedad Dominicana de Neonatología han solicitado investigaciones técnicas y rigurosas sobre lo ocurrido.
La Sociedad Dominicana de Neonatología propuso específicamente la conformación de una comisión técnica independiente que audite las causas clínicas y administrativas de los fallecimientos y evalúe condiciones de infraestructura, equipamiento, insumos y bioseguridad.
La Sociedad Dominicana de Pediatría también pidió una investigación exhaustiva, objetiva e imparcial, sustentada en evidencia científica.
Son solicitudes razonables.
No deberían interpretarse como un desafío a las autoridades.
Deberían verse como una oportunidad para fortalecer la credibilidad del proceso.
Mientras mayor sea la independencia técnica de la evaluación, mayor será la confianza pública en sus resultados.
Y mientras más transparente sea el proceso, menor espacio quedará para rumores, acusaciones sin fundamento y especulaciones.
La pregunta no es solamente quién falló
En situaciones como esta existe una tentación inmediata de buscar culpables.
Pero antes de preguntar quién falló debemos saber qué falló.
Puede tratarse de un procedimiento.
De una cadena de desinfección.
De una infraestructura deficiente.
De un equipo.
De la calidad microbiológica del agua.
De una práctica inadecuada.
De una combinación de factores.
O incluso puede concluirse que determinadas muertes no estuvieron causalmente relacionadas con el brote.
Eso es precisamente lo que corresponde determinar a los especialistas.
Una investigación seria no comienza con una sentencia.
Comienza con evidencia.
Después de investigar hay que corregir
Aquí está el punto que no debería perderse cuando desaparezcan los titulares.
Si la investigación encuentra una falla, esa falla debe corregirse.
Si identifica un protocolo incumplido, debe establecerse por qué no se cumplió.
Si encuentra deficiencias de infraestructura, deben resolverse.
Si determina responsabilidades individuales o administrativas, deberán aplicarse las consecuencias correspondientes.
Y si concluye que determinados procedimientos deben modificarse en todas las maternidades públicas, la experiencia de La Altagracia debe convertirse en una política preventiva para el resto del sistema.
La peor respuesta posible sería tratar este episodio como una crisis comunicacional que desaparecerá cuando surja otra noticia.
No es un problema de imagen.
Es un problema de seguridad del paciente.
Una maternidad debe ser uno de los lugares más seguros
Quien entra a una maternidad para dar a luz deposita en el sistema de salud algo mucho mayor que confianza institucional.
Deposita una vida.
Y cuando un recién nacido necesita cuidados intensivos, esa dependencia es absoluta.
Un bebé prematuro no puede protegerse.
No puede pedir que alguien se lave las manos.
No puede cuestionar si un equipo fue desinfectado.
No puede preguntar por los resultados microbiológicos del agua.
No puede exigir que se cumpla un protocolo.
Para eso están el hospital y el Estado.
Por eso las unidades neonatales requieren estándares extraordinariamente estrictos de prevención y control de infecciones.
La transparencia también salva vidas
El Gobierno ha hecho bien al comenzar a divulgar cifras y diferenciar los fallecimientos generales de los casos en los que fueron aislados microorganismos.
Esa transparencia debe continuar.
El informe final no debería limitarse a decir que el problema fue controlado.
Debe explicar qué ocurrió.
Qué se encontró.
Qué se corrigió.
Qué seguirá bajo vigilancia.
Y qué garantías se incorporarán para reducir la posibilidad de que vuelva a suceder.
La transparencia no perjudica al sistema sanitario.
Lo fortalece.
Una institución pública gana más credibilidad reconociendo y corrigiendo una falla que intentando convencer a la población de que nunca puede equivocarse.
Tres bebés son demasiado
Es positivo que la mortalidad neonatal esté disminuyendo.
Es positivo que las autoridades hayan intervenido.
Es positivo que exista una investigación.
Y es responsable aclarar que no existe evidencia suficiente para afirmar que las 31 defunciones registradas en julio y agosto fueron provocadas por bacterias.
Pero ninguna de esas verdades elimina la otra:
tres recién nacidos fallecidos presentaron microorganismos asociados al brote y eso exige una explicación completa.
Quizás la investigación determine que sus condiciones clínicas fueron determinantes.
Quizás identifique fallas prevenibles.
Quizás encuentre responsabilidades.
O quizás concluya una combinación de factores.
No corresponde a un periódico sustituir ese proceso.
Sí corresponde exigir que se complete.
Porque detrás de cada número hubo un recién nacido.
Una madre.
Una familia.
Y cuando hablamos de una posible infección adquirida dentro de un lugar cuya función es proteger la vida, ninguna estadística nacional puede convertir un caso individual en algo insignificante.
La vicepresidenta dijo que una sola muerte es mucho.
En eso tiene razón.
Tres también lo son.
Fuentes consultadas
- Servicio Nacional de Salud (SNS), balance de defunciones neonatales y vigilancia epidemiológica en la Maternidad Nuestra Señora de La Altagracia.
- Presidencia de la República, datos sobre reducción de la mortalidad neonatal en la Red Pública de Salud.
- Declaraciones de la vicepresidenta Raquel Peña sobre la investigación del caso.
- Sociedad Dominicana de Neonatología y Sociedad Dominicana de Pediatría, pronunciamientos sobre investigación, bioseguridad y auditoría técnica.









